VIDAS CRUZADAS à la RESNAIS

Por Quim Casas


El veterano director francés propone en «Asuntos privados en lugares públicos» una historia de sentimientos, soledades y necesidades cruzadas trabajando, de nuevo, sobre la carpintería del decorado, el actor y la capacidad visual de la fabulación.


El título que ha recibido en España la última película de Resnais, en su original Coeurs, es la traducción más o menos literal del título original de la pieza teatral en la que se basa, «Private Fears in Public Places», una de las últimas obras del veterano dramaturgo inglés Alan Ayckbourn, fechada en 2004. El film no reniega en absoluto de su carpintería, entramado y hasta estética teatral, como viene siendo habitual en el último Resnais, desde On connaît la chanson por poner una fecha exacta, que es de hace diez años y era la anterior película estrenada en nuestro país del autor de Hiroshima mon amour; por el medio sólo ha quedado una por llegarnos en condiciones normales de distribución, Pas sur la bouche (2003) –vista el pasado año en Sitges en la sección Seven Chances–, un film afín a las directrices por las que se mueve actualmente el también veterano cineasta.

Cierto que Smoking/No Smoking, realizada en 1993, ya apuntaba los modos teatrales que se han instalado en el imaginario fílmico de Resnais, pero al tratarse de dos partes complementarias de un mismo todo, de un proceso de película interactiva en el que el espectador puede apostar por un desenlace u otro en función del film escogido, el de los fumadores y el de los no fumadores, el efecto cinematográfico-teatral resultaba distinto. En todo caso, conviene volver aquí a Smoking/No Smoking ya que se trata del primer contacto entre Resnais y Alan Ayckbourn: la (doble) película adapta una pieza escrita por el dramaturgo en 1981 que está dividida en cuatro escenas con dieciséis posibles variaciones dependiendo de la elección que se haga de sus personajes protagonistas (pero de todo esto hablaremos más extensamente en el estudio adjunto dedicado a Resnais).

El sistema operado en Smoking/No Smoking podría repetirse perfectamente en Asuntos privados en lugares públicos. La diferencia estriba en que hay más decorados que en aquella y también más actores: cada uno representa a un personaje, mientras que en Smoking/No Smoking eran Pierre Arditi y Sabine Azéma, los verdaderos rostros de Resnais desde hace décadas, quienes asumían todos los papeles frente a la cámara. El dispositivo es similar, aunque Asuntos privados en lugares públicos también se adscribe a la modalidad de las historias cruzadas para hablar, esencialmente, de la soledad a la que está abocado en un momento u otro de su vida todo ser humano. Resnais mueve a seis personajes por siete decorados y cuenta sus historias entablando duetos entre ellos, a los que añade varias y breves situaciones en las que alguno se encuentra solo en uno de esos espacios que les acaban aprisionando de manera lenta pero nítida, parsimoniosa y dolorosa.

Thierry (André Dussollier) es un agente inmobiliario. Charlotte (Sabine Azéma) trabaja en la misma agencia que él. Gaelle (Isabelle Carré) es la joven esposa de Thierry. Nicole (Laura Morante) busca un piso bien situado en París, cerca del Sena, pero que tenga espacio suficiente para el estudio que quiere, casi de manera obsesiva, su compañero, Dan (Lambert Wilson). Lionel (Pierre Arditi), por último, trabaja de camarero en el bar de copas que frecuenta Dan. Hay un séptimo personaje, pero de él solo oiremos la voz (de Claude Rich); se trata de Arthur, el padre convaleciente de Lionel. Las relaciones entre estos personajes se establecen de la siguiente manera, perfectamente pautados. Thierry y Nicole coinciden en los apartamentos que el primero le enseña a la segunda. Thierry y Gaelle se ven en su casa, aunque siempre que llega él es cuando ella dice que se va a tomar algo con sus amigas. Thierry y Charlotte comparten tres o cuatro secuencias en las oficinas de la agencia inmobiliaria. Nicole y Dan discuten en su apartamento; lo hacen a diario, hasta la ruptura. Dan charla con Lionel acodado en la barra del bar, hasta que el dueto cambia de orientación cuando entra en el local Gaelle, con quien Dan inicia una relación.

Por último, Charlotte y Lionel se dan cita en la casa del barman, ya que ella trabaja por las noches cuidando a su padre, un tipo estridente y maleducado que se pasa las horas insultándola y tirándole a la cara la comida que le prepara, todo fuera de campo, aunque la elegante quietud de la cámara se rompe precisamente en este contexto y en ese espacio en off, cuando Resnais realiza un pequeño zoom de acercamiento al rostro de Charlotte embadurnado de salsa de tomate después de que Arthur le haya arrojado el plato. Hay espacio para el monólogo visual, nunca oral: Gaelle sola en la mesa del bar, esperando una cita que no llega; Thierry en su casa, comiendo frente al televisor, hipnotizado por las imágenes del vídeo porno que Charlotte le ha dado asegurando que se trataba de la filmación de una de sus actuaciones; de la misma Charlotte en casa de Lionel, leyendo tranquilamente un libro después de que Arthur se haya dormido y el iracundo oleaje de sus improperios haya dado paso a la calma marina que precede al amanecer.


Entre copos de nieve

Resnais se siente muy cómodo con este tipo de historias y de personajes, y con los movimientos narrativos que efectúa con ellos. Las transiciones entre una secuencia y otra, entre un decorado y el siguiente, son siempre iguales: planos de nieve filmados y montados de modo que parece que los blancos copos están cayendo en el interior de uno de esos escenarios, sea el bar de copas, el apartamento que Thierry muestra a su clienta o la casa de Lionel en plena noche. Estos insertos nevados tienen algo de melancólico –estamos frente a una película enteramente otoñal: la luz mortecina en interiores, la luz grisácea de los exteriores mostrados a través de la cristalera de la agencia inmobiliaria, la lluvia y nieve persistentes que siempre se percibe en la calle–, pero poseen igualmente una cualidad teatral y fantástica. No sólo sirven como signo de puntuación para pasar a un decorado u otro, al modo de un imaginativo cambio de escenario durante una representación teatral, sino que introducen un elemento discordante con el tono realista del relato, como si la nieve cayera directamente sobre el corazón de los personajes, como si se tratara de lo que imaginan y lo que, entonces, Resnais decide visualizar; como la lluvía torrencial que caía en el pasillo del manicomio de la fulleriana Corredor sin retorno: la nieve es también en Asuntos privados en lugares públicos un estado más mental que físico.

Aunque sus intereses y sus formas han cambiado bastante desde los tiempos de Hiroshima, Marienbad, Muriel o las guerras de resistencia que nunca terminan, incluso desde la época de los delirios alcohólicos de John Gielgud en Providence y la visualización de los experimentos de Henri Laborit en Mi tío de América, en la última propuesta de Resnais sigue en pie uno de los axiomas de su filmografía, esa manera de filmar las historias ajenas con una mentalidad verdaderamente propia (como sucede en la última etapa de un David Cronenberg que se acercó perpendicularmente a un parecido tratamiento de la memoria y el espacio con Spider), lo que nos sitúa en un territorio indeterminado, por explorar, que perteneciendo más a la autoría que al artesanado, tiene cosas de los dos. ¿Hay una mirada personal de Resnais en Asuntos privados en lugares públicos? Por supuesto, como la había en su forma de filmar el presente y el pretérito, la realidad y la imaginación, en sus primeros largometrajes de ficción apuntalados en la escritura tan definitoria de gente como Duras y Robbe-Grillet.

Resnais trabaja ahora con otros elementos, aunque el decorado como parte esencial de la dinámica de la propia historia, por ejemplo, siempre ha estado tan presente, de El año pasado en Marienbad a La vie est un roman. Quizá se apoye más que antes en el actor, cuando eran los cuerpos de los protagonistas de Hiroshima mon amour los que expresaban toda la tragedia individual y colectiva, y no sus voces, sus palabras y su manera de mirar o no a cámara, como ocurre ahora con ese equipo estable que ha construido a su alrededor con Arditi, Azéma, Dussollier y Wilson, tan presentes y sin duda tan insustituibles más allá de los tour de force que alguno de ellos quiere realizar a las órdenes del director. Asuntos privados en lugares públicos muestra la fidelidad a unos principios y a una manera esencialmente artesanal, casi doméstica, de concebir el cine, que sin ser para nada anacrónica reivindica la textura analógica frente al rearme digital del momento. Resnais, con ello, no se limita a mirar al pasado o a permanecer ajeno a las corrientes del presente. Su mirada, a veces tan delicadamente musical, resulta penetrante, sólo que ha llegado a un grado de estilización y depuración que le permite centrarse única y exclusivamente en aquel gesto y en aquel sentimiento que le interesa. Y aunque le caracterice la frialdad a veces tan científica, el último Resnais persigue y consigue la emoción.   




Francia-Italia, 2006. T.O.: «Coeurs». Director: Alain Resnais. Productor: Bruno Pésery. Producción: Soudaine Compagnie, Arena Films, France 2 Cinéma, BIM Distribuzione. Guión: Alain Resnais, Jean-Michel Ribes y Alan Ayckbourn, según la obra de Alan Ayckbourn. Fotografía: Eric Gautier, en color. Dirección artística: Jacques Saulnier, Jean-Michel Ducourty y Solange Zeitoun. Música: Mark Snow. Montaje: Hervé de Luze. Duración: 123 minutos. Intérpretes: Laura Morante (Nicole), Lambert Wilson (Dan), Pierre Arditi (Lionel), Isabelle Carré (Gaëlle), André Dussollier (Thierry), Sabine Azéma (Charlotte), Françoise Guillard (La presentadora TV), Florence Muller (La crítica de arte)




Articulo publicado en el número 375, Febrero 2008.

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