TAL COMO ERAN
Por Hilario J. Rodríguez
Un film como «Cometas en el cielo», de Marc Forster, permite plantear una interesante pregunta: ¿es suficiente hoy el compromiso de un realizador con el cine o debería extenderlo a la realidad? Por lo demás, el film está construido con el ritmo trepidante de cualquier propuesta del cine comercial.
Un film como Cometas en el cielo debería encantarnos. Se ve a dos niños sanos y sonrientes (a quienes además interpretan estupendamente Zekiria Ebrahimi y Ahmad Khan Mahmoodzada), hay imágenes preciosas (de cometas volando con el fondo de un cielo lleno de nubes), el guión quiere ser serio (y para ello David Benioff no duda en combinar pasado y presente, países muy distintos uno de otro, felicidad y desdicha, amistad y traición, a buenos y a malos), el ritmo es envolvente (aunque a veces algo así pueda desarmar nuestra capacidad crítica o analítica) y de vez en cuando se filtra información sobre un lugar del que apenas sabemos nada (Afganistán antes y después de los rusos, los talibanes y los estadounidenses). Está visto que un cineasta como Marc Forster parece comprender de qué manera nos emocionamos. Por desgracia, también sabe cuáles son los mejores mecanismos de manipulación para dejarnos llevar por un film sin cuestionar para nada sus imágenes, sin permitir que nos preocupemos por si su historia nos ha hecho más sabios o si se ha limitado a afianzarnos en nuestra visión del mundo, como si ya supiésemos lo suficiente para juzgar a los demás. Y ahí comienzan, en mi opinión, los problemas. Si en Cometas en el cielo vemos a mujeres con burkhas o un partido de fútbol en el que el público sólo es masculino y en torno a él hay un gran número de militares bien armados para que nadie se pase de la raya, enseguida reconocemos cosas que ya sabíamos aunque quizás aquí nos las estén contando sin los matices que había en Kandahar (ídem, 2001, Moshen Makhmalbaf) y Offside (ídem, 2006, Yafar Panahi). Lo anterior, sin embargo, puede convertirse en una ventaja para cierto tipo de público que va al cine para evitar complicaciones y divertirse, no para cuestionar sus creencias o asunciones. En ese sentido, podría decirse que tanto Marc Forster como ese público del que hablaba tienen un compromiso con el cine que no quieren hacer extensible a su compromiso con la realidad.
El peso de la culpa
Hasta cierto punto, existe más de un punto en común entre Cometas en el cielo y Expiación (Atonement, 2007, Joe Wright) pues en ambos la mentira de un niño provoca una tragedia. Pero mientras en el film británico la mentira cuestionaba en adelante el estatuto de las imágenes y su punto de vista, para mostrarnos algunas de las perversidades que oculta en ocasiones el arte narrativo; en el film estadounidenses la mentira no es más que una falta cometida por alguien que años más tarde tiene una oportunidad para expiar sus culpas exponiéndose a innumerables peligros. Amir es testigo de la violación de su amigo Hassan y los remordimientos que le causa no haber intervenido en su ayuda le empujan a humillarlo y acusarlo luego de un robo, porque de ese modo Amir se libra de la rabia que siente hacia sí mismo. Todo ese despliegue psicológico, sin embargo, les importaba muy poco a los responsables de Expiación, más atentos a la mecánica de un relato que al relato en sí. Cometas en el cielo, por su parte, ahonda en las motivaciones de Amir, el personaje principal, que no era tan bueno como Hassan haciendo volar cometas y que, por encima, se sentía menospreciado por su propio padre (Homayoun Ershadi), cuyo cariño hacia Hassan era en apariencia mayor que hacia su hijo. En cuanto la mentira se activa, Expiación se adentra en el laberinto de la guerra como metáfora de los procesos creativos y Cometas en el cielo se adentra –supuestamente– en la cruda realidad. Lo curioso es que a mí me diga menos la realidad que un proceso creativo, cuando poco en el caso concreto de estos dos films. Supongo que el motivo principal está relacionado con la realidad que pretende mostrar Marc Forster, construida con el ritmo trepidante de cualquier propuesta de cine comercial, y con el proceso creativo que activa Joe Wright, pendiente de la profunda distorsión creada en torno a la guerra por culpa en muchos casos de quienes nos la describen (pese a haber sido testigos directos de ella). Me decanto por el proceso creativo y no por la realidad porque el primero me hace dudar de mis certezas y la segunda me afianza en mis conocimientos. Quizás esto tiene que ver con mi desconfianza hacia cualquier certeza y con la sospecha de que no es posible avanzar en ninguna dirección si uno no cuestiona sus posicionamientos.
En general, me gustan las narraciones puras aun si están construidas a base de impurezas, lo que no me gusta es que una narración pura trivialice elementos reales que no necesita (y que bien podría sustituir por otros sin variar demasiado su significación), ante todo por el riesgo que eso conlleva de que luego a esos elementos reales ya no se les preste atención o que se les adjudique un valor ficticio. Digo esto porque me he sentido molesto al comprobar cómo Cometas en el cielo era bien recibida en Estados Unidos porque sus imágenes desvían la responsabilidad del gobierno norteamericano en el actual estado de caos y anarquía que hay en Afganistán y nos hacen entender que los afganos con los responsables de sus desdichas (la violación de Hassan, el orgullo herido de su padre al desconfiar de su hijo, la existencia de chavales malos en las calles de Kabul a quienes el paso del tiempo no convierte más que en adultos malos, la brutalidad de los talibanes, la represión de sus mujeres). Es una opinión, claro. Calculo que mucha gente no estará de acuerdo conmigo y el film de Marc Forster le encantará, de igual forma que le gustan las historias de amor (aquí hay una entre un Amir maduro y la hija de un ex militar afgano), de redención (Amir abandona Estados Unidos, donde se ha convertido en un escritor, y regresa a su patria para buscar al hijo de Hassan), de responsabilidad (los afganos buenos le recuerdan a los afganos malos que siempre puede corregirse una mala acción, basta con que uno esté dispuesto a ello) y de auto superación (porque el protagonista de Cometas en el cielo ha de vencer los miedos que incubó desde la infancia y que, en cierto modo, le han impedido crecer).
USA, 2007. T.O.: «The Kite Runner». Director: Marc Forster. Productores: William Horberg, Walter F. Parkes, Rebecca Yeldham y E. Bennett Walsh. Producción: Sidney Kimmel Entertainment, Parkes/MacDonald Productions, Participant Productions, DreamWorks Pictures para Paramount Classics. Guión: David Benioff, según la novela de Khaled Hosseini. Fotografía: Roberto Schaefer, en color. Diseño de producción: Carlos Conti. Música: Alberto Iglesias. Montaje: Matt Chesse. Duración: 122 minutos. Intérpretes: Khalid Abdalla (Amir), Homayoun Ershadi (Baba), Zekiria Ebrahimi (Amir, niño), Ahmad Khan Mahmoodzada (Hassan), Shaun Toub (Rahim Khan), Nabi Tanha (Ali), Ali Danesh Bakhtyari (Sohrab), Said Taghmaoui (Farid), Atossa Leoni (Soraya), Abdul Qadir Farookh (General Taher)
Articulo publicado en el número 376, Marzo 2008.
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