LA CIENCIA FICCION SEGUN RAY HARRYHAUSEN
Por Antonio José Navarro
La edición del «pack» Ray Harryhausen Collection, que reúne en DVD tres de las primeras películas del maestro del «stop-motion», «It Came from Beneath the Sea» (1955), «Earth vs. the Flying Saucers» (1956) y «20 Million Miles to Earth» (1957), en versiones remasterizadas y coloreadas, a buen seguro provocará encendidas polémicas en torno a tan espinoso asunto. Polémica que alimenta el propio Harryhausen, quien ha participado activamente en el proceso de coloreado / manipulación.
A lo largo de los lujosos extras que acompañan a estas nuevas versiones coloreadas de It came From Beneath The Sea (Robert Gordon, 1955), Earth Vs. The Flying Saucers (Fred F. Sears, 1956), 20 Million Miles to Earth (Nathan Juran, 1957), el mago de la stop-motion, Ray Harryhausen, no se cansa de repetir, incluso delante de uno de sus más rendidos admiradores, Tim Burton (1), que su primitiva intención, y la de sus productores, era rodar las tres películas en color. De ahí que haya trabajado codo con codo con la empresa Legend Films (2) para otorgarles, por fin, cincuenta años después, su aspecto «original». Como excusa, a priori, no está mal. Según explica el crítico estadounidense Bill Warren (3), es cierto que el primer título de la trilogía, It came From Beneath The Sea, iba a filmarse en color y 3D; pero las pruebas de efectos especiales en formato tridimensional no funcionaron como se esperaba y, además, el productor ejecutivo de la cinta, Sam Katzman, empezó a recortar el presupuesto, especialmente en el capítulo de los trucajes –lo que obligó a Harryhausen a convertir el octópodo gigante en un «sexápodo» (seis extremidades) y a abusar un tanto de escenas protagonizadas por el único tentáculo que surge de las profundidades… Menos se sabe del rodaje de Earth Vs. The Flying Saucers y 20 Million Miles to Earth, excepto que Katzman –uno de los más infames producers de la Serie B estadounidense (4)– no deseaba gastar más de 250.000 dólares por película, lo cual obligaba, por supuesto, a rodar en B/N.
Ahora bien, considerando que cada film es consecuencia no sólo de las intenciones de sus autores, sino de una suma de circunstancias históricas, técnicas y creativas sujetas al azar, a la improvisación, a las exigencias y necesidades del momento inmediato, ¿qué derecho asiste a Harryhausen a alterar tales elementos que, le guste o no, dan entidad, carácter, a cada una de esas películas? Es más, ¿quién es el verdadero autor de esas cintas? ¿El, cuyo trabajo ha sido el principal argumento de venta del producto durante todos estos años?¿Los productores, Sam Katzman y Charles H. Schneer? ¿Los directores, Robert Gordon, Fred F. Sears y Nathan Juran? Y el trabajo de los fotógrafos, Henry Freulich, Fred Jackman Jr., Irving Lippman y Carlo Ventimiglia, ¿quién lo protege? Mitificado en exceso por la naturaleza mágica de su trabajo, quizás hemos perdido de vista que Harryhausen, además de un técnico admirable, es un avispado hombre de negocios, quien no ha desaprovechado la propuesta de Legend Films para embolsarse una buena cantidad de dinero. Con ello, su labor, elaborada con la misma materia con que están hechos los sueños –y cuando soñamos, no tenemos la sensación de soñar, sino de vivir, pues las emociones no se encuentran diluidas: son tangibles, creíbles–, ha quedado deteriorada, devaluada. Pero tal vez no le importe. Como una vez declaró,«toda valoración crítica es fruto de la opinión personal, bagaje cultural, educación y sensibilidad del crítico (…) afortunadamente, tanto para mí como para mi socio y amigo Charles H. Schneer, tuvimos suficiente con el público que pagaba su entrada y disfrutaba con las historias que elegimos explicarles» (5). Y qué mejor manera de prolongar semejante idea del cine que «actualizándola» por medio de técnicas digitales, cuyo resultado artístico, cuanto menos, es discutible.
Antes de que Charles H. Schneer decidiera probar suerte por su cuenta como productor –lejos de las draconianas condiciones de trabajo impuestas por Sam Katzman–, y previamente a que Ray Harryhausen trocara su interés por la ciencia en devoción por lo maravilloso, por lo mitológico –cf. Simbad y la princesa (The Seventh Voyage of Sinbad. Nathan Juran, 1958), Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts. Don Chaffey, 1963), El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad. Gordon Hessler, 1977), Furia de titanes (Clash of Titans. Desmond Davis, 1981)…–, ambos adquirieron una nada desdeñable experiencia profesional en el campo de la ciencia ficción con It came From Beneath The Sea, Earth Vs. The Flying Saucers y 20 Million Miles to Earth. Dicha trilogía, pese a incidir en temas típicos del género durante los años cincuenta –bestias antediluvianas revividas por pruebas atómicas, invasiones extraterrestres y monstruos alienígenas…–, tiene una particularidad que la distingue del resto de sus contemporáneas: su estilizada puesta en escena. Todo ello aderezado por el savoir faire de Harryhausen, evidentemente, quien ofrece al espectador secuencias verdaderamente memorables: en It came From Beneath The Sea, el ataque del proteico cefalópodo al Golden Gate, o arrastrándose por el fondo de la bahía de San Francisco; en Earth Vs. The Flying Saucers, la visión de decenas de platillos volantes sobrevolando Washington, destruyendo con notable eficacia la cúpula del Capitolio o el obelisco que preside la avenida frente al Lincoln Memorial (6). Lamentablemente, tanto It came From Beneath The Sea como Earth Vs. The Flying Saucers no pueden o no saben desprenderse de cierto tono previsible, manido, fruto de sus poco trabajados guiones, repleto de tópicos –entre los más molestos, el científico sabelotodo, mezcla de aventurero y sabio un tanto delirante, y los militares de tic «fascistoide», dispuestos a emprenderla a tiros contra todo aquello que huela a extranjero, a enemigo–.
Por contra, 20 Million Miles to Earth se desmarca claramente de sus predecesoras para erigirse en una excelente película gracias, por un lado, a la realización de Nathan Juran, pero sobre todo, al hallazgo dramático que supone el venusino Ymir. Harryhausen es capaz de dotar de sustancia psicológica a su criatura, de suministrarle emotividad, a través de su sorprendente mímica corporal, de la expresividad de su rostro de gárgola. Una bestia digna de compasión, enfrentada a un mundo, el nuestro, que la persigue y aniquila porque es diferente, porque es otro. Sin duda, es la mejor versión de Kong que se ha hecho fuera del mítico film de Schoedsack & Cooper; nos referimos, por supuesto, al sentimiento, a su poética trágica y fantástica. El mérito de Harryhausen a la hora de dar vida al desdichado alienígena fue encontrar la textura trágica que requería el personaje y, con él, la ficción, como ilustra toda la inolvidable secuencia final en el Coliseo de Roma, donde Ymir es abatido.
(1) Recordemos que Tim Burton rindió tributo al maestro, de manera muy explícita, en Mars Attacks! (id., 1996), tomando prestado el diseño de los platillos volantes de Earth Vs. The Flying Saucers.
(2) Sita en San Diego, California, la compañía se define a sí misma como líder en «la restauración y colorización» de películas. Entre sus «víctimas» destacan ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life. Frank Capra, 1946), She (Lansing C. Holden y Irving Pichel, 1935), La vida futura (Things to Come. William Cameron Menzies, 1936) o La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead. George A. Romero, 1968), cuya fotografías en B/N fueron realizadas, respectivamente, por Joseph F. Biroc & Joseph Walker, Roy Hunt, Georges Périnal y George A. Romero.
(3) «Keep Watching the Skies! American Science Fiction Movies of the Fifties. Vols. 1 y 2». McFarland & Company Inc. Publishers, Jefferson (North Carolina) / Londres, 1986. Pág. 219-222.
(4) Sam Katzman (1901-1973) fue un destajista que financió más de doscientas películas de bajo presupuesto, de todos los géneros imaginables –incluso fue el productor de algunas películas de Elvis Presley y de la única película de Roy Orbison, The Fastest Guitar Alive (Michael D. Moore, 1967)–, dirigidas por profesionales de las b movies como Lew Landers, Edward L. Cahn, William A. Berke o Spencer Gordon Bennet.
(5) Los números 4 (Volumen. 11), 3 (Volumen 2) y 1-2 (Volumen 31) de la revista «Cinefatastique», 1998-1999.
(6) Escena que, no lo olvidemos, revivió Tim Burton (again!) en Mars Attacks!.
SURGIO DEL FONDO DEL MAR
USA, 1955. T.O.: «It Came from Beneath the Sea». Director: Robert Gordon. Productor: Charles H. Schneer. Producción: Clover Productions para Columbia Pictures. Guión: George Worthing Yates y Hal Smith, según un argumento de George Worthing Yates. Fotografía: Henry Freulich. Dirección artística: Paul Palmentola. Música: Mischa Bakaleinikoff. Montaje: Jerome Thoms. Duración: 79 minutos. Intérpretes: Kenneth Tobey (Capitán Pete Mathews), Faith Domergue ( Lesley Joyce), Donald Curtis (John Carter), Ian Keith (Almirante Burns), Dean Maddox Jr. (Almirante Norman)
LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES
USA, 1956. T.O.: «Earth vs. The Flying Saucers». Director: Fred F. Sears. Productor: Charles H. Schneer. Producción: Clover Productions para Columbia Pictures. Guión: George Worthing Yates y Bernard Gordon, según un argumento de Curt Siodmak, basado en el libro de Donald E. Keyhoe. Fotografía: Fred Jackman Jr. Dirección artística: Paul Palmentola. Música: Mischa Bakaleinikoff. Montaje: Danny Landres. Duración: 83 minutos. Intérpretes: Hugh Marlowe (Russell A. Marvin), Joan Taylor (Carol Marvin), Donald Curtis (Comandante Huglin), Morris Ankrum (General Hanley), John Zaremba (Profesor Kanter), Thomas Browne Henry (Almirante Enright)
20 MILLION MILES TO EARTH
USA, 1957. T.O.: «20 Million Miles to Earth». Director: Nathan Juran. Productor: Charles H. Schneer. Producción: Morningside Movies para Columbia Pictures. Guión: Christopher Knopf y Robert C. Williams, según un argumento de Charlotte Knight. Fotografía: Irving Lippman. Dirección artística: Cary Odell. Música: Mischa Bakaleinikoff. Montaje: Edwin H. Bryant. Duración: 82 minutos. Intérpretes: William Hopper (Coronel Robert Calder), Joan Taylor (Marisa Leonardo), Frank Puglia (Dr. Leonardo), John Zaremba (Dr. Judson Uhl)
Articulo publicado en el número 375, Febrero 2008.
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