QUIERO LA CABEZA DE ALFREDO GARCÍA
Sam Peckinpah (1974) Por José María Latorre
Esta historia siniestra de norteamericanos en tierra de México, con olor a mugre y a cadáver, movida desde la sombra por un poderoso gánster («El Jefe»: Emilio Fernández) y a la que tengo por el mejor legado de Sam Peckinpah, cuenta la progresiva transformación de un perdedor, Bennie (Warren Oates), en un desesperado. Abierta y cerrada, después de una breve secuencia contemplativa a la orilla de un río, en el mismo decorado, la hacienda del gánster, protegida por más pistoleros todavía que la villa del viejo capo mafioso de El padrino II (The Godfather, Part II, Francis Ford Coppola, 1974) a quien Vito Corleone (Robert De Niro) mata con un cuchillo cuando regresa a su tierra natal con el propósito de vengarse del lejano asesinato de sus padres, Quiero la cabeza de Alfredo García consiste en el relato de esa transformación, paralela al itinerario físico del personaje, quien aparece inicialmente como pianista en un burdel mexicano para turistas y como enamorado de una prostituta, Elita (Isela Vega). El motivo de ese viaje por las entrañas de México es la oferta de diez mil dólares, hecha por un trío de asesinos profesionales, Quill (Gig Young), Max (Helmut Dantine) y Sappensly (Robert Webber), a cambio de la entrega de la cabeza de ese hombre, padre del niño que, como se ha visto al inicio, espera la hija de «El Jefe»; una cabeza que para ellos vale, empero, un millón de dólares. En principio, el trío de asesinos y Bennie van de pillo a pillo: si unos buscan conseguir su objetivo ofreciendo un pequeño desembolso de dinero que en el fondo no tienen la intención de hacer, tentador para un hombre en la situación de Bennie, éste se entera de que su trabajo sólo va a consistir en abrir una tumba y decapitar a un cadáver: en un magnífico giro argumental, nuestro pianista, un norteamericano que vive consumido por el alcohol en un ambiente cutre, se informa gracias a Elita, quien fue amante de Alfredo García durante tres días, de que el individuo buscado está muerto y yace en un cementerio aldeano. Ese giro da origen al viaje y es el resorte que estimula la relación de Bennie y Elita, importante para el desarrollo de un relato que aparece dividido en un prólogo, tres partes y un epílogo (tan feroz, si no más, como el de Grupo salvaje/The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1969). El escenario que abre y cierra la película es, como he apuntado, la hacienda de «El Jefe»; la primera parte tiene como marco las tabernas y los prostíbulos del pueblo donde viven Bennie y Elita; la segunda consiste en el viaje de ambos en automóvil hasta su llegada al cementerio; la tercera describe el regreso de Bennie al punto de partida cargado con una cabeza repleta de moscas después de dejar atrás el cadáver de Elita, y su venganza contra el trío de asesinos, a dos de los cuales ha visto eliminar a casi toda una familia; una venganza a la que para ser completa le falta una visita a la hacienda: para eso está el epílogo. Es significativo que las dos ocasiones en que aparece en escena «El Jefe» esté mostrado como un hipócrita patriarca: al principio leyendo un párrafo bíblico en latín delante de su familia (y de un cura), y al final celebrando una fiesta con motivo del bautizo de su nieto: el patriarca que lee la Biblia en familia no titubea en ordenar el asesinato de un hombre: el patriarca que celebra el bautismo de acuerdo con los ritos católicos (de un niño cuya gestación rechazaba en nombre de la «deshonra familiar») entrega ese mismo día una maleta que contiene un millón de dólares a cambio de la cabeza del denostado progenitor.
¿Grupo salvaje he dicho antes? En cierto modo, Quiero la cabeza de Alfredo García puede ser vista como un apéndice de esa película sobre el intervencionismo norteamericano en un país extranjero, cuyos personajes sólo hablaban el idioma de la violencia. Si el inicio hace pensar en Jim Thompson mucho más que en La huida (The Getaway, Sam Peckinpah, 1972), el final podría haber formado parte de aquel film. Los ralentís con que están filmadas las muertes (para Bennie las ejecuciones) tienen, sin embargo, menos efecto que los planos generales que muestran los cadáveres en el paisaje. La transformación de Bennie en un desesperado que podría haber formado parte del grupo de Pike Bishop (William Holden) y Deke Thornton (Robert Ryan), pasa a través de diversos jalones marcados por el signo de la muerte: no sólo se encarga de convertirse a sí mismo en una suerte de «resurreccionista» a lo Burke y Hare para suministrar un pedazo de cadáver, sino que incluso sus relaciones sexuales con Elita a lo largo del camino están sembradas de muertos, y al dejar atrás el cuerpo de ésta cubierto de tierra en la fosa del cementerio aldeano da salida a una obsesión erotanática con tintes necrófilos basada a la vez en el dolor y los celos, puesta de manifiesto en los monólogos que dirige a Elita y a Alfredo en la tumba y a la cabeza repleta de moscas que transporta en su coche: su amada, que por unos días también lo fue de Alfredo, comparte ahora la misma sepultura que éste: Bennie ve al muerto casi como a un competidor amoroso. La rabia y el deseo de venganza hacen de él una máquina de matar que sólo puede ser parada con su propia aniquilación. Pero no sólo él, todos los personajes hablan el idioma de la violencia (gánsteres, guardaespaldas, violadores, competidores en obtener el macabro «trofeo», campesinos..., y hasta la hija y la esposa de «El Jefe»: la primera incita a Bennie a que mate al padre y la segunda no oculta la satisfacción que eso le produce); y los decorados y el paisaje por los que se mueven responde a esa característica: edificios sucios con paredes desconchadas, tugurios de atmósfera sofocante, hoteluchos hediondos que parecen repletos de piojos, estancias que se caen a pedazos; un paisaje y unos decorados en descomposición, en armonía con el retrato de un hombre que sólo piensa en matar y en morir, y con la carga que transporta desde una remota aldea hasta una elegante hacienda mexicana.
USA, 1974. T.O.: «Bring Me the Head of Alfredo Garcia». Director: Sam Peckinpah. Intérpretes: Warren Oates (Bennie), Isela Vega (Elita), Gig Young (Quill), Robert Webber (Sappensly), Helmut Dantine (Max), Emilio Fernández (el jefe), Kris Kristofferson (Paco), Donny Frits (John), Chano Urueta (traficante). Editado por suevia-résen.
Articulo publicado en el número 400, Mayo 2009.
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