PRECIOUS

Tragedias del gueto                                                         Por Antonio José Navarro


Presentada en la 57 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Precious es una propuesta arriesgada y polémica –por el tema abordado, por su construcción formal, por su tono «comprometido»–, pero mucho más valiente y severa de lo que aparenta a primera vista.


En numerosas ocasiones, la realidad enmascara a la realidad, o mejor dicho, cierta imagen de lo real sirve para rechazar lo real. El cine, la ficción televisiva o los titulares periodísticos construyen verdades que se admiten sin más, las cuales impiden que se valore –ni se contemple siquiera– la existencia de otras verdades, cuya crudeza quebranta nuestra misma idea de lo verdadero. Así pues, la visión que los europeos hemos tenido de los afroamericanos, hasta tiempos muy recientes, no iba mucho más allá de los cantantes de rap, de estrellas como Eddie Murphy o Will Smith y de jugadores de la NBA. Ahora, esta imagen parece haber superado clichés, a base de personajes yuppies en cine y TV, o nombres de evidente influencia en sectores culturales o políticos de los EEUU. Es la nueva realidad que se ha impuesto en los últimos años. Sin embargo, no todas las mujeres negras tienen el poder mediático (y económico) de Oprah Winfrey o son iconos sexuales como Beyoncé; y, por supuesto, no todos los hombres y mujeres de color en Estados Unidos llegan a presidente de la nación, como Barack Obama, o a Secretaria de Estado, como Condoleezza Rice. Paralelamente, existe un universo humano –esto es, político, social, ético…– que apenas guarda relación con tal imagen de lo real. Un universo que el film de Lee Daniels, Precious, descubre sin buscar la evasión.


El contexto –insistimos, humano, político, social, ético– al que alude Precious resulta muy importante para aprehender el sentido final del relato. La brutalidad de los acontecimientos es amortiguada por el espectáculo de su interpretación, cierto: pero lo que muestra existe, sugiriendo mil cosas más vinculadas a esa existencia. Cerca de un 24,9 % de la población negra –uno de cada cuatro– en Estados Unidos vive en la pobreza. Es decir, no puede ni siquiera cubrir sus necesidades básicas de alimentos, vestimenta y residencia. La tasa de pobreza infantil alcanza el 34,5% entre los afroamericanos, básicamente debido al incremento de las tasas de natalidad entre adolescentes –el 45,9% de las madres menores de 18 años en EEUU son de color–. Persisten, además, el acceso insuficiente a la atención sanitaria, el racismo institucional, la discriminación en la vivienda, la educación, el trato policial, la justicia penal y el empleo… Aunque la pobreza en sí es la peor dificultad a la que se enfrenta la comunidad negra, ya que está relacionada con el estrés matrimonial y la desintegración familiar, los problemas de salud, el bajo nivel educativo, el déficit en el funcionamiento psicológico y la delincuencia (1). Los afroamericanos poseen, asimismo, el índice más elevado de muertes prematuras por enfermedades como el sida, el cáncer y las dolencias cardiovasculares, sin olvidar la mortalidad infantil, las armas de fuego y el consumo de drogas. Son el grupo étnico con mayor riesgo tanto de homicidio como de agresión no letal, que incluye la brutalidad entre miembros de la misma familia o personas cercanas, los crímenes pasionales… Y uno de los asuntos tabú en este apartado es la violencia sexual que implica, en ocasiones, a miembros de la misma familia –padres, hermanos, abuelos–. Precisamente, la novela en la que se basa Precious, «Push» (1996), de la escritora californiana Sapphire, alias de Ramona Lofton (2), aborda el incesto sin rodeos, directamente, continuando una torturada tradición de la mejor literatura afroamericana, como ponen de manifiesto «Invisible Man» (1952), de Ralph Ellison, «The Bluest Eye» (1970), de Toni Morrison, o «I Know Why the Caged Bird Sings» (1971), de Maya Angelou (3), quienes denuncian de muy diversa forma la opresión social en la que viven los negros en Estados Unidos, pero también el machismo, depravación e hipocresía de su propia comunidad. No en vano, Precious hace mayor hincapié que la novela en el abismo que separa la tendencia existente entre los afroamericanos de defender «los valores tradicionales americanos» sobre la familia y el matrimonio, y la siniestra cotidianidad del gueto, donde se registran casos tan tremendos como el descrito por la película (4).


Si un cineasta blanco hubiese filmado tal cual Precious sería acusado de sensacionalismo, de racismo. Por fortuna, su realizador es un afroamericano, Lee Daniels –que produjo Monster’s Ball (2001)–, autor crudo, violentamente indisciplinado, capaz de cambiar de registro, de tonalidad, a lo largo del film para transmitir con la máxima intensidad las vivencias de los personajes. Precious reconstruye sin componendas ni paños calientes la vida de un grupo de mujeres afroamericanas destruidas por la pobreza y la ignorancia, con una fuerza bruta carente de sentimentalismo. No se trata, desde luego, de El color púrpura (The Color Purple. Steven Spielberg, 1985), y eso es lo que hace de esta cinta una propuesta muy interesante. Precious nos sumerge en la vida de una adolescente de 16 años, mórbidamente obesa, maltratada por una madre (Mo’Nique) alcohólica y fumadora empedernida que únicamente espera el cheque de los servicios sociales y echa la culpa de su situación a «los blancos». Violada varias veces por su propio padre –dando por resultado un bebé con síndrome de Down y un segundo embarazo que motiva su expulsión del colegio–, la única escapatoria de Precious a su triste existencia es soñar que algún día será modelo o una imposible beldad blanca…

En Precious se oponen dos grandes concepciones del arte. La romántica, que dice que el acceso a las cosas es fácil, aunque fastidioso, y que el arte está ahí para aportar  «otra cosa». Y la clásica, que dice que el acceso a las cosas es difícil, aunque valioso –el camino hacia lo cercano es siempre, irónicamente, largo y complicado–, y que el arte ayuda notablemente en esa tarea de acercamiento. Quizás por ello, en Precious pasamos del melodrama más crispado al realismo social, sazonado con elementos dignos del slapstick (sean intencionados o no), de la comedia costumbrista, del musical. En consonancia con lo que ocurre en la vida de «Precious» Jones (Gabourey «Gabby» Sidibe), nos encontramos ante un film esquizoide: poético y arisco, directo y elíptico, conmovedor e irritante. Daniels, asimismo, juega con los significados connotados del star system para descentrarnos, para mantenernos alerta: la actriz, humorista y show-woman Mo’Nique da vida a una madre digna de una película de horror y una Mariah Carey desglamourizada da la talla como trabajadora social, al igual que un casi irreconocible Lenny Kravitz en el papel de un sarcástico enfermero. Mención aparte merece «Gabby» Sidibe, una poderosa presencia fílmica –no le hace falta actuar, solamente aparecer– que rompe con toda clase de clichés, y cuyo físico «monstruoso» –similar al de las extravagantes «Venus» hotentote de los freakshows de principios del siglo XX–, ligado al drama de su personaje, emociona de manera difícil de describir. El director de Precious les obliga a todos a actuar, no a desmitificarse a sí mismos o a construir un estereotipo: deben vivir y viven en la pantalla.

Lee Daniels cultiva una estética que, a menudo, es más grotesca que poética, más grosera que sutil, pero se trata de una opción estilística plenamente meditada. La angosta suciedad del apartamentucho donde residen Precious y su madre, el entorno del barrio, degradado e inhóspito, peligroso y embrutecedor, o la angustiosa vulgaridad de las oficinas de auxilio social, ostentan una cualidad tan surreal como física, creíble. Tanto como las contadas pero estremecedoras explosiones de violencia –ese sartenazo que recibe Precious antes de ser lanzada escaleras debajo de su «casa»; la televisión arrojada por el hueco de la escalera y que está a punto de matarla a ella y a su bebé…–, violencia abrupta, áspera, inesperada, la cual indica que Precious no deberá superar tanto la adversidad como segurarse la supervivencia, en una batalla de la que jamás sabremos si se erigirá vencedora. Precious  es un viaje a través del infierno hacia el limbo de la incertidumbre. No podía ser de otra manera.


(1) Artículo «Characteristics of African American Families», por Oscar Barbarin. University of North Carolina, 23 septiembre de 2006. http://ssw.unc.edu /RTI/presentation/PDFs/aa_families.pdf.

  (2) Novela publicada en castellano con el mismo título, «Push», por Editorial Anagrama, S.A., Col. Panorama de narrativas, Barcelona, 1998.

  (3) Publicadas en castellano como «El hombre invisible» (Editorial Lumen S.A., Col. Palabra en el tiempo, Barcelona,1984), «Ojos azules» (Nuevas Ediciones de Bolsillo / Ramdom House Mondadori, Barcelona, 2002) y «Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado» (Editorial Lumen S.A., Col. Femenino singular, Barcelona, 1993).

  (4) Los negros son, asimismo, pese a su tradicional voto Demócrata, mucho más conservadores en asuntos como el aborto y las relaciones sexuales extramatrimoniales que sus homólogos blancos(http:// www.gallup.com/poll/112807/Blacks-Conservative-Republicans-Some-Moral-Issues.aspx). Mientras que el 52% de los Demócratas blancos apoyan el matrimonio del mismo sexo, sólo el 30% de los demócratas negros son de la misma opinión. En el 2008, aunque los demócratas votaron abrumadoramente a favor (64%) contra el la propuesta electoral de California que prohíbe el matrimonio gay, los afroamericanos aprobaron por abrumadora mayoría (70%) más que cualquier otro grupo racial (http://www.sacbee.com/elections/story/1372009.html).   


                        

USA, 2009. T.O.: «Precious». Director: Lee Daniels. Productores: Lee Daniels, Sarah Siegel-Magness y Gary Magness. Producción: Lee Daniels Entertainment, Smokewood Entertainment Group. Guión: Geoffrey Fletcher, según la novela de Sapphire. Fotografía: Andrew Dunn, en color. Diseño de producción: Roshelle Berliner. Música: Mario Grigorov. Montaje: Joe Klotz. Duración: 109 minutos. Intérpretes: Gabourey Sibide (Clareece «Precious» Jones), Mariah Carey (Sra. Weiss), Lennie Kravitz (John), Sherri Shepherd (Cornrows), Mo’Nique (Mary), Paula Patton (Miss Rain), Chyna Layne (Rhonda), Stephanie Andujar (Rita), Amina Robinson (Jermaine)           



Articulo publicado en el número 397, Febrero 2010.

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