MARIA GALANTE

Henry King (1934)                                                                         Por Lluís Satorras


Ofrezco unos comentarios sobre la muy notable película de Henry King María Galante ya que en recientes publicaciones sobre el cineasta, el libro colectivo promovido por la Filmoteca Nacional y los artículos de Antonio José Navarro en esta misma revista, no se dice casi nada de ella. La protagonista, una joven francesa, Marie Galante, interpretada por una actriz también francesa, Ketti Gallian, como una Justine en pequeña escala, preserva su crédula inocencia y su espíritu jovial (en momentos difíciles la vemos cantar feliz mientras prepara el desayuno) en medio de las maniobras envolventes de un complot para hacer estallar las instalaciones del Canal de Panamá del que ella es acusada y de los supuestos asedios sexuales de un grupo de hombres. En las escenas del principio, «en una ciudad costera en Francia», se muestra el carácter de Marie filmándola en continuo movimiento, en charla con sus convecinos, y marchando en bicicleta mientras canta. Hay un estado de felicidad general de carácter idealista que en seguida
desaparecerá de escena. El director evita presentar los momentos difíciles, mostrando muy brevemente el forzado cautiverio de Marie mediante dos metáforas y dejándola en seguida instalada «en una ciudad costera en América» en el canal de Panamá donde actúa en la sala de fiestas Pacific Gardens. Allí, junto a un personaje femenino interpretado por la cantante Helen Morgan (pillada entre sus dos versiones de Show Boat, la de 1929 y la de 1936), se encuentra con los personajes masculinos principales, Crawbett (Spencer Tracy) y tres más, un americano, un inglés, un japonés y otro de nacionalidad indefinida en misión de acecho y vigilancia. King ejerce su función articulando largos e intensos primeros planos con otros que se alargan más de lo estrictamente necesario formando un conjunto amenazante y enigmático. Una demostración práctica de su capacidad para prestar la máxima atención a los personajes y a los actores. El gesto y la expresión, los leves movimientos, definen caracteres y otorgan credibilidad a las situaciones y proporcionan al conjunto un singular atractivo. Pongamos como ejemplo el largo plano fijo en que Tracy se queda sólo en mitad de una escalera tras una discusión con Marie. Los personajes anecdóticos tienen también su importancia y proporcionan rasgos de humor como el del hombre que está siempre junto a la ventana y cuya única misión parece ser observar con los prismáticos qué barcos entran y salen del puerto.

Los rasgos genéricos de la película saltan a la vista. Destaca, en primer lugar, un subgénero que los espectadores actuales conocemos de sobras, la ciudad internacional en la que se reúnen gentes de todas partes con el añadido de un local, cabaret o casino, donde todos se encuentran, al tiempo que la cámara con un leve movimiento ascendente nos revela en lo alto de la escalera la presencia del dueño vigilante. Lo que podríamos llamar el modelo Casablanca. Por otra parte, pertenece también al género de espionaje. El guión presenta una intriga en la que se esconde la identidad de un tal Ryner, cabecilla de la conspiración contra el canal y los barcos norteamericanos, que, en teoría, el espectador ignora quién es; sin embargo, la puesta en escena del director permite que conozcamos por adelantado la identidad del mismo. Un detalle revelador es, por ejemplo, el plano que parece casi robado en que vemos al conspirador mirando con ferocidad a través de una cortina. En la parte final, cuando se produce el intento de atentado y las instalaciones del canal cobran protagonismo, King filma las escenas típicas de suspense de manera más convencional pero efectiva. Adopta una planificación más corta, aprovecha las líneas rectas de escaleras, barandillas y pasillos y busca una marcada gestualidad de los actores, Spencer Tracy y el otro Siegfried Rumann acercándose imperceptiblemente a los modos de Hitchcock. Y ya puestos a buscar semejanzas, después de resuelto el embrollo, el plano final parece proceder de una comedia de Lubitsch.

Una realización cuidadosa y llena de detalles magníficos y la presencia de temas y asuntos propios del autor muestran a un director dueño ya de su arte tras el largo recorrido por el cine mudo. Al principio, vemos en plano fijo a Marie ascendiendo la pasarela del barco presentada como una mancha negra, metáfora del largo y difícil camino que le espera al personaje, y poco después ya prisionera en su celda la vemos mirar el mar por el reducido ojo de buey, un símbolo de la libertad que acaba de perder. En otro momento, la mujer que canta en el Pacific Gardens es mostrada en un largo primer plano mientras van pasando por delante algunas cabezas de bailarines. Después, la cámara retrocede lentamente y van entrando en campo las parejas que bailan hasta que finalmente vemos la pista llena. Todo los hombres son marinos americanos que acaban de llegar a la población. Con este sencillo procedimiento, se muestra una nueva situación que favorece el funcionamiento del cabaret. Y, finalmente, he aquí una escena que define con precisión el sentido religioso de la existencia de Henry King. Marie ha entrado en la iglesia y la vemos rezar junto a unas velas y la imagen de la Virgen. Crawbett, que la ha seguido se queda indeciso en la puerta, mira aturdido al interior y sus ojos reflejan sorpresa al ver a la mujer que reza. King lo enfoca desde dentro y lo vemos a él en el hueco que deja la puerta. Quedan así delimitados dos espacios, uno de superior grandeza espiritual y el otro más prosaico, certificando el sentido de una película en que la protagonista es casi la voz del propio autor, la vida como conocimiento y camino de superación.



USA, 1934. T.O.: «Marie Galante». Director: Henry King. Productor: Winfield Sheehan. Producción: Fox Film Corporation. Guión: Reginald Berkeley, según la novela de Jacques Deval. Fotografía: John F. Seitz. Dirección artística: Jack Otterson. Música: Arthur Lange. Montaje: Harold Schuster. Duración: 88 minutos. Intérpretes: Spencer Tracy (Crawbett), Ketti Gallian (Marie Galante), Ned Sparks (Plosser), Helen Morgan (Tapia), Sig Rumann (Brogard), Leslie Fenton (General Tenoki), Arthur Byron (General Phillips), Robert Loraine (Ratcliff), Jay C. Flippen (El marinero), Frank Darien (Ellsworth) 



Articulo publicado en el número 383, Noviembre 2008.

© DIRIGIDO POR, S.L. Prohibida su reproducción total o parcial.

 
 RevistasRevistas.html
 LibrosIntrod._Libros.html
 Contacto y pedidosContacto.html
 Quienes somosQuienes_somos.html
 CríticaDirigido_Critica.html
 FlashbackDirigido_Flashback.html
 Cine perdido
 StaffDirigido_staff.html
 SumarioDirigido_sumario_383.html
 Nº atrasadosDirigido_N%C2%BA_atrasados.html
 Artículos archivoDirigido_Archivo_Indice.html
 Sumarios anterioresDirigido_sumarios_anteriores.html

Nº 383.

Noviembre 2008