GRITOS EN LA NOCHE
Jesús Franco (1961) Por Tomás Fernández Valentí

Puede que la verdad (y partimos de la base de lo que de resbaladizo tiene dicho término) se encuentre en un punto intermedio donde confluyen las razones de ambos, digamos, «bandos». Por un lado, suponiendo que Gritos en la noche no fuese el mejor trabajo de su director, hay que reconocer que como mínimo lo parece desde un punto de vista, sigamos diciendo, «clásico»: es un film planificado no ya con corrección, sino a ratos con auténtica brillantez, de tal manera que rompe con la imagen luego popularizada en torno al cine de Franco, que ve en él a un cineasta brusco y desaliñado, o como está de moda decir ahora, «casposo»; desde este exclusivo punto de vista, quien prefiera al Franco «clásico» en particular (y al así llamado «cine clásico» en general), verá en Gritos en la noche su mejor película. Pero, viendo el asunto desde otra perspectiva, también puede entenderse hasta cierto punto (y se comparta o no) el rechazo que Franco siente hacia este film por lo que tiene todavía de obra «domesticada» e «industrialmente normalizada», en consecuencia, menos personal que muchas de sus posteriores y formalmente «no clásicas» (o «casposas») películas, lo cual casa con el espíritu iconoclasta de un realizador que conoce bien las reglas de la industria del cine; me parecen muy significativas de su postura (vuelvo a insistir: se comparta o no, guste o no su cine) las siguientes declaraciones: «Luís Buñuel decía que, de tanto en tanto, hay que hacer una película convencional para que la gente vea que, si normalmente no lo haces así, no es porque no sepas, es porque no te sale de los huevos (sic). Yo seguiré a Buñuel en eso: de vez en cuando haré una película normal» (3).
Es de justicia reconocer que, dejando al margen las indudables influencias que acusa no sólo de la Hammer, sino también del cine de terror británico de Monty Berman y Robert S. Baker y de la por aquel entonces incipiente escuela de cine de terror italiana (en particular, el empleo del blanco y negro: gran fotografía de Godofredo Pacheco), Gritos en la noche atesora cuanto menos dos de las mejores, más ingeniosas y mejor construidas secuencias del cine de su director. La primera, la excelente en la que Morpho (Ricardo Valle), el ayudante ciego y deforme del doctor Orloff (Howard Vernon), persigue a una corista por el interior de una mansión solitaria y desamueblada; Morpho suple su discapacidad visual con un oído altamente desarrollado, de tal manera que cualquier pequeño sonido le basta para dirigirle, como un murciélago, hacia su presa; la secuencia, muy bien rodada y montada, saca asimismo un óptimo partido del uso expresivo del sonido y, por ende, del silencio. La otra a la que me refiero es la de la realización del retrato robot del/los secuestrador(es) de mujeres, convocada en la comisaría por el inspector Tanner (Conrado San Martín), que el propio Franco repetiría, sin tanta fortuna, en su posterior Jack the Ripper (1976): la secuencia, amén de espléndidamente resuelta, se erige sotto vocce en un agudo retrato coral de personajes, de tal manera que la monstruosidad secreta, oculta, de Orloff (4), parece una consecuencia indirecta de la monstruosidad pública, a la vista, de una sociedad poblada por seres no menos extraños que el sádico y, a pesar de ello, desdichado mad doctor protagonista.
(1) En su crítica de Gritos en la noche publicada en la revista «Publicaciones Dezine», núm. 4, noviembre 1991 (Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián), monografía titulada Jesús Franco. Francotirador del cine español, pág. 66.
(2) Montaje de declaraciones recogidas por Carlos Aguilar en op. cit. infra, págs. 40-41 y por Jordi Costa en el volumen «Cine fantástico y de terror español. 1900-1983» (Carlos Aguilar, coordinador), Donostia Kultura - Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, 1999, pág. 153.
(3) Franco a Jordi Costa, en op. cit. infra, pág. 190.
(4) El doctor Orloff será, a partir de Gritos en la noche, un personaje recurrente en la filmografía de Jesús Franco, interpretado en la mayoría de las ocasiones por Howard Vernon.
España-Francia, 1961. T.O.: «L'horrible Dr. Orloff». Director y guión: Jesús Franco. Productores: Sergio Newman y Marius Lesoeur. Producción: Hispamer Films, Eurociné. Fotografía: Godofredo Pacheco. Dirección artística: Antonio Simont. Música: José Pagán y Antonio Ramírez Ángel. Montaje: Alfonso Santacana. Duración: 88 minutos. Intérpretes: Conrado San Martín (Inspector Tanner), Howard Vernon (Dr. Orloff), Diana Lorys (Wanda Bronsky), Ricardo Valle (Morpho), Venancio Muro (Jeannot Rousseau), Perla Cristal (Arne), Félix Dafauce (Comisario), María Silva (Dany), Mara Laso (Irma Gold), Manuel Vázquez (Klemp)
Articulo publicado en el número 391, Julio-Agosto 2009.
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