GRITOS EN LA NOCHE

Jesús Franco (1961)                                                 Por Tomás Fernández Valentí


En torno a Gritos en la noche (1961) existen dos posturas aparentemente irreconciliables: la primera, que la considera no ya una de las mejores películas de Jesús Franco, sino incluso la única buena película de su carrera; y la segunda que, por el contrario, y si bien sin llegar a afirmar que sea un mal film, asevera que Gritos en la noche no es un genuino trabajo de su director porque apenas contiene los rasgos que luego caracterizarían su larga trayectoria profesional posterior. Carlos Aguilar ya replicó en su momento a la primera posición: «es un lugar común y elevado a los altares del dogma por determinada crítica el considerar que de la
copiosa filmografía de Jesús Franco sólo es redimible Gritos en la noche, (...) reflexión que compartimos únicamente en lo concerniente a su excelencia, (...) pero de la que discrepamos abiertamente por cuanto supone una injusticia menospreciar muchos de sus films en aras del “purismo” descubierto en Gritos en la noche. Y es que como manifiesta el propio Franco: “Muchos directores sólo ruedan una película en su vida, pero, ¿qué importa, si lo hacen bien...?”» (1). La segunda posición ha sido fomentada, curiosamente, por el propio Franco, quien en más de una ocasión ha puesto reparos a su película: «para mí supone un recuerdo superado, porque creo que se ha quedado muy vieja y que es aburridísima. Ya sé que es un mito, sobre todo en Francia, pero a mí no me gusta demasiado hablar de ella. Eso sí, en su día la abordé con una ilusión tremenda, porque era mi primera película de terror propiamente dicha. La idea me vino tras ver Las novias de Drácula [The Brides of Dracula, 1960, Terence Fisher], que es una de las películas de la Hammer menos malas (sic), en Niza, durante el rodaje de Vampiresas 1930 [1961] y con el coproductor español de ésta. Terminó la proyección y yo le pregunté que por qué no hacíamos nosotros una película de ese tipo, pero en otro estilo. Al principio se asustó mucho, porque hacer una película de terror en la España de 1961 sonaba surrealista, pero yo le fui enredando y al final aceptó, con el mismo coproductor francés de Vampiresas 1930 y todo... Pero ya te digo, para mí está olvidada. (...) Gritos en la noche me parece cine antiguo, como el Fantomas de Feuillade. Tengo que mirarla con un ojo casi histórico para que me puedan gustar ciertas cosas» (2).

Puede que la verdad (y partimos de la base de lo que de resbaladizo tiene dicho término) se encuentre en un punto intermedio donde confluyen las razones de ambos, digamos, «bandos». Por un lado, suponiendo que Gritos en la noche no fuese el mejor trabajo de su director, hay que reconocer que como mínimo lo parece desde un punto de vista, sigamos diciendo, «clásico»: es un film planificado no ya con corrección, sino a ratos con auténtica brillantez, de tal manera que rompe con la imagen luego popularizada en torno al cine de Franco, que ve en él a un cineasta brusco y desaliñado, o como está de moda decir ahora, «casposo»; desde este exclusivo punto de vista, quien prefiera al Franco «clásico» en particular (y al así llamado «cine clásico» en general), verá en Gritos en la noche su mejor película. Pero, viendo el asunto desde otra perspectiva, también puede entenderse hasta cierto punto (y se comparta o no) el rechazo que Franco siente hacia este film por lo que tiene todavía de obra «domesticada» e «industrialmente normalizada», en consecuencia, menos personal que muchas de sus posteriores y formalmente «no clásicas» (o «casposas») películas, lo cual casa con el espíritu iconoclasta de un realizador que conoce bien las reglas de la industria del cine; me parecen muy significativas de su postura (vuelvo a insistir: se comparta o no, guste o no su cine) las siguientes declaraciones: «Luís Buñuel decía que, de tanto en tanto, hay que hacer una película convencional para que la gente vea que, si normalmente no lo haces así, no es porque no sepas, es porque no te sale de los huevos (sic). Yo seguiré a Buñuel en eso: de vez en cuando haré una película normal» (3).

Es de justicia reconocer que, dejando al margen las indudables influencias que acusa no sólo de la Hammer, sino también del cine de terror británico de Monty Berman y Robert S. Baker y de la por aquel entonces incipiente escuela de cine de terror italiana (en particular, el empleo del blanco y negro: gran fotografía de Godofredo Pacheco), Gritos en la noche atesora cuanto menos dos de las mejores, más ingeniosas y mejor construidas secuencias del cine de su director. La primera, la excelente en la que Morpho (Ricardo Valle), el ayudante ciego y deforme del doctor Orloff (Howard Vernon), persigue a una corista por el interior de una mansión solitaria y desamueblada; Morpho suple su discapacidad visual con un oído altamente desarrollado, de tal manera que cualquier pequeño sonido le basta para dirigirle, como un murciélago, hacia su presa; la secuencia, muy bien rodada y montada, saca asimismo un óptimo partido del uso expresivo del sonido y, por ende, del silencio. La otra a la que me refiero es la de la realización del retrato robot del/los secuestrador(es) de mujeres, convocada en la comisaría por el inspector Tanner (Conrado San Martín), que el propio Franco repetiría, sin tanta fortuna, en su posterior Jack the Ripper (1976): la secuencia, amén de espléndidamente resuelta, se erige sotto vocce en un agudo retrato coral de personajes, de tal manera que la monstruosidad secreta, oculta, de Orloff (4), parece una consecuencia indirecta de la monstruosidad pública, a la vista, de una sociedad poblada por seres no menos extraños que el sádico y, a pesar de ello, desdichado mad doctor protagonista.


(1) En su crítica de Gritos en la noche publicada en la revista «Publicaciones Dezine», núm. 4, noviembre 1991 (Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián), monografía titulada Jesús Franco. Francotirador del cine español, pág. 66.

(2) Montaje de declaraciones recogidas por Carlos Aguilar en op. cit. infra, págs. 40-41  y por Jordi Costa en el volumen «Cine fantástico y de terror español. 1900-1983» (Carlos Aguilar, coordinador), Donostia Kultura - Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, 1999, pág. 153.

(3) Franco a Jordi Costa, en op. cit. infra, pág. 190.

(4) El doctor Orloff será, a partir de Gritos en la noche, un personaje recurrente en la filmografía de Jesús Franco, interpretado en la mayoría de las ocasiones por Howard Vernon.



España-Francia, 1961. T.O.: «L'horrible Dr. Orloff». Director y guión: Jesús Franco. Productores: Sergio Newman y Marius Lesoeur. Producción: Hispamer Films, Eurociné. Fotografía: Godofredo Pacheco. Dirección artística: Antonio Simont. Música: José Pagán y Antonio Ramírez Ángel. Montaje: Alfonso Santacana. Duración: 88 minutos. Intérpretes: Conrado San Martín (Inspector Tanner), Howard Vernon (Dr. Orloff), Diana Lorys (Wanda Bronsky), Ricardo Valle (Morpho), Venancio Muro (Jeannot Rousseau), Perla Cristal (Arne), Félix Dafauce (Comisario), María Silva (Dany), Mara Laso (Irma Gold), Manuel Vázquez (Klemp)




Articulo publicado en el número 391, Julio-Agosto 2009.

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