LA MUJER SIN PIANO                                                           Por Boquerini


El retrato doméstico, laboral y sexual, durante 24 horas, de un ama de casa en Madrid, personaje interpretado por Carmen Machi que hace aquí por primera vez un protagonismo absoluto en una película.


Segundo largometraje de Javier Rebollo (Lo que sé de Lola), premiado como mejor director en el último Festival de San Sebastián por este trabajo, el filme retrata 24 horas en la vida de un ama de casa de Madrid el día de la famosa foto de las Azores. Carmen Machi es la gran protagonista del film, acompañada en el reparto de Jan Budar, Ricart Marido y Cruz López-Cortón con personajes mucho más breves. La acción sigue a Rosa, una mujer casada para la que no hay nada comparable a la íntima satisfacción de ver el plato humeante servido con admirable puntualidad a la hora de la comida. La película narra veinticuatro horas de su vida doméstica, laboral y sexual, una vida sin la menor comunicación con su marido taxista, de la que una noche escapa, sin saber muy bien a dónde ir, deambulando por las calles de Madrid, y viviendo situaciones extrañas y surrealistas, hasta la salida del sol. Con una peluca negra y una maleta, Rosa acude a la estación de autobuses, pero a esas horas ya no hay salidas y cierran la estación. Empieza entonces a deambular por unas calles casi fantasmagóricas en compañía de un polaco que quiere regresar a su país para ingresar en la cárcel. Machi casi no habla en toda la película, sólo mira y observa, sin inmutarse, ante una cadena de situaciones absurdas que se suceden ante ella. La mujer sin piano es una película de largos planos, sin movimientos de cámara, en donde Javier Rebollo, se muestra como un aventajado alumno del cine que hace el finlandés Aki Kaurismaki: ambientes desolados, personajes perdidos, y un humor soterrado que no siempre es fácil de encontrar: Rosa, el personaje protagonista, oye un pito en el oído todo el rato. Nadie ha sabido decirle de dónde viene: el otorrino de la Seguridad Social le ha mandado al neurólogo, y el neurólogo al psiquiatra, y el psiquiatra le ha recetado que se ponga la radio muy alta para que no oiga el pitido. Machi, con un personaje que requiere inexpresividad total, está estupenda. Es una película que tiene muy poco que ver, tanto con lo que estamos acostumbrados a ver de la actriz a través de la televisión, como con el cine español en general. No es una película fácil de contemplar, pero quienes sean capaces de entrar en ella y conectar con la propuesta de Javier Rebollo se lo van a pasar muy bien. Javier Rebollo explica que el film nació de una imagen que contempló una noche de regreso a casa: «Como todo lo que he rodado, comienza con una imagen cifrada: una madrugada, al regresar de un viaje, cuando salía de la Estación Sur de Autobuses de Madrid, caminaba hacia mi casa cuando me crucé con una mujer agarrada a una maleta y a un bolsito camino de la estación cerrada». Para el director y guionista, «esa imagen, y ese sonido, el de una mujer caminando por en medio del asfalto, y sus tacones reverberando en el silencio de la noche de un día laborable, para mí, desde entonces, encierran un misterio». A esto ha añadido una situación personal: «Los ruidos de la vida cotidiana, organizados en una película, son música, pero, desde hace treinta y dos meses, una semana y dos días, para mí no existe el silencio. Lo que no he podido arreglar en la vida he tratado de sublimarlo en el cine: a Rosa le he adjudicado el pitido en el oído que es mío, y que ahora, mientras escribo, como siempre, me acompaña». El cineasta comenta que «uno de los temas que mueven la película es el síndrome del nido vacío. La cinta es simple, pero está cargada de metáforas y de significados». Para Carmen Machi lo que más le atrajo del personaje «es que se trata de una mujer llena de pensamientos que no se conocen. Me tenía que poner en su lugar. También me resultó muy atractivo pensar que cuando la persona que está a tu lado en la cama se duerme, no sabe nada de lo que tú haces». Para la actriz este «ha sido un trabajo muy corporal, muy teatral, con unos silencios muy inquietantes. Me considero una actriz técnica y práctica, además soy bastante vaga y me gusta sufrir. Por eso trato de ver los personajes con distancia y no meterme excesivamente en su piel. Lo interpreto y me separo de él. Para mí hubiera sido muy duro llevarme el personaje de Rosa a mi casa después del rodaje». En el Festival de San Sebastián la actriz aclaró que «Rosa es la antítesis de Aída, su personaje televisivo. No es uno más difícil que otro, ni mucho menos. Aunque el personaje de Rosa no hable apenas nada, por dentro tiene un discurso importante. Sí hay mucho trabajo interior del personaje».             




España-Francia, 2009. Director: Javier Rebollo. Intérpretes: Carmen Machi, Jan Budar, Ricart Marido, Cruz López-Cortón, Nadia de Santiago, Esperanza de la Vega, Victoria Sáez.




Articulo publicado en el número 299, Febrero 2009.

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