MI NOMBRE ES KHAN                                           Por Israel Paredes Badía



Karan Johar estrena su cuarta película, «Mi nombre es Khan», una de las primeras películas modernas de Bollywood en disfrutar una distribución internacional y seguramente el pasaporte de Johar para Hollywood gracias a una película de tintes épicos y buenos sentimientos.


En las primeras secuencias de Mi nombre es Khan vemos a Rizwan Khan (Shahrukh Khan), introducirse en un aeropuerto y ser detenido para un interrogatorio en profundidad que termina con una declaración personal que acabará convirtiéndose en bandera personal y algo más: «Mi nombre es Khan y no soy un terrorista». A partir de ahí, el propio Khan comenzará a relatar su vida, desde su infancia en una pobre población India hasta su marcha a Estados Unidos, en donde contraerá matrimonio con la joven Mandira (Kajol), de religión hindú, a diferencia de él, que es musulmán, comenzando una nueva vida junto a ella y su joven hijo, Sameer (Yuvaan Makaar). Todo irá perfectamente hasta los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y las consecuentes reticencias por parte de los norteamericanos ante la presencia musulmana en su país. Tras una desgracia familiar, Khan marcha a recorrer Estados Unidos con el propósito de entrevistarse con el presidente de país para hacerle saber que no es un terrorista.

Mi nombre es Khan, dirigida por el cineasta indio Karan Johar, parte de la experiencia de su protagonista, Shahrukh Khan, quien sufrió en el aeropuerto de Newark un segundo interrogatorio; también introduce, por parte del director, un toque autobiográfico al tratar la relación matrimonial entre un musulmán y una hindú y sus consecuencias y  problemáticas. A partir de ahí, Johar ha creado una película que comienza siendo durante su primera parte una fábula o un cuento para, después, girar dramáticamente hacia la tragedia y, finalmente, alzarse como un cuento con moraleja, buenas intenciones y un raudal de emociones. En definitiva, una película que lo tiene todo y que busca transmitir, quizá, demasiadas cosas a través de un relato épico muy al modo hollywoodiense pero desde un prisma y una estética bollywoodiense.

La película de Johar se convirtió rápidamente un éxito en su país y en varios otros, consiguiendo una más que aceptable recaudación en diferentes países occidentales, lo cual demuestra que la distribuidora que decidió pagar un alto precio por sus derechos encontró en ella más de una posibilidad a la hora de rentabilizar la inversión, lo cual resulta llamativo si se tiene en cuenta que las producciones de Bollywood aún siguen siendo vistas en determinados países como películas exóticas pero sin demasiado interés. La explicación puede encontrarse en que se trata de una película híbrida: busca tanto agradar, posiblemente, al público de la India (está interpretada por dos grandes estrellas mediáticas en su país) y al de fuera. Por eso, Mi nombre es Khan tiene algo que remite a su cinematografía pero también asume los modos narrativos del cine comercial más estadounidense conformando una película concebida para denunciar pero, a su vez, para no molestar demasiado a nadie. La condición de autista de su personaje (que le proporciona un halo de inocencia y, por tanto, de bondad añadida) y el relato épico de la película, remite a Forrest Gump de manera directa, del mismo que las partes más íntimas de la película recuerdan, por ejemplo, a películas como Mi nombre es Sam, con la comparte además resonancias nominales. Por tanto, una obra que busca abrirse camino en Estados Unidos y, por extensión, en el resto de mercados.

Supongo que aunque Mi nombre es Khan sea una película de Bollywood no debe ser la mejor para iniciarse –en caso de tener interés– en su descubrimiento. Johar demuestra tener varias cualidades. Por un lado, una gran capacidad e inventiva para crear imágenes, aunque éstas brillan en determinados momentos y siempre de manera aislada; por otro lado, su camaleónica adaptación a las estructuras narrativas más norteamericanas y la fusión de géneros así como la simpleza y el maniqueísmo que a veces acompaña a muchos productos comerciales en la exposición de cualquier tipo de confrontación. Johar es capaz de crear en determinados instantes un cierto clima de malestar –sobre todo tras los atentados del 11-S– pero también es capaz de desplegar una enorme inocencia. No obstante, como buena fábula que es, Mi nombre es Khan es tan real como imaginaria y, sobre todo, busca el que el espectador, a través de las emociones, piense sobre ciertas cuestiones actuales relacionadas con las religiones y la problemática del terrorismo. Lástima que lo haga de un modo tan sensacionalista y, sobre todo, tan oportunista, como demuestra la última secuencia con el mismísimo Barack Obama como personaje, quizá por primera vez, cinematográfico.              



India, 2010. T.O.: «My Name is Khan». Director: Karan Johar Intérpretes: Shahrukh Khan, Kajol, Yuvaan Makaar, Zarina Wahab, Tanay Chheda, Jimmy Shergill, Sonya Jehan.



Articulo publicado en el número 303, Junio 2009.

© DIRIGIDO POR, S.L. Prohibida su reproducción total o parcial.

 RevistasRevistas.html
 LibrosIntrod._Libros.html
 Contacto y pedidosContacto.html
 Quienes somosQuienes_somos.html
ReportajeImagenes_Reportaje.html
AdemásImagenes_Ademas.html
CríticaImagenes_Critica.html
SumarioImagenes_sumario_305.html
StaffImagenes_staff.html
Artículos archivoImagenes_Indice_Archivo.html
Sumarios anterioresImagenes_sumarios_anteriores.html