PERDONA SI TE LLAMO AMOR                                Por Tonio L. Alarcón



Tras convertirse en uno de los mayores fenómenos editoriales que ha dado la literatura juvenil en Italia, Federico Moccia ha dado el salto a la dirección con esta adaptación de su propia novela, una arrebatada historia de amor intergeneracional.


Aunque en nuestro país sus libros apenas han cuajado, Moccia es casi un gurú entre los adolescentes italianos, un auténtico creador de modas. Hasta tal punto que, por ejemplo, el éxito de «Tengo ganas de ti», libro en el que sus protagonistas sellaban su compromiso poniendo un candado en la tercera farola del puente Milvio, en Roma, puso en un brete al ayuntamiento de dicha ciudad: se acumularon tantos y tantos, colocados por jóvenes venidos de todo el país como gesto de amor, que el peso llegó a amenazar con hacer caer la iluminación al suelo.

De hecho, ha sido su transformación en un fenómeno literario la que le ha permitido volver a su auténtica vocación: el cine. Y es que Moccia no es, pese a que pueda pensarse lo contrario, un recién llegado a la profesión. Sus inicios fueron como ayudante de dirección de su padre, Giuseppe «Pipolo» Moccia, firmante junto a Franco Castellano de comedias a la medida de Adriano Celentano como Mi querido Hitler, Furiosamente enamorado o El magnífico salvaje. Incluso llegó a rodar como director dos films que no tuvieron una acogida demasiado entusiasta, Palla al centro y Classe mista 3A. Pero el magnífico funcionamiento en taquilla de las dos adaptaciones firmadas por el propio escritor de su obra, Tre metri sopra il cielo y Ho Voglia di te, le permitieron volver a sentarse en el sillón del director hace dos años, con Perdona si te llamo amor –que nos llega, pues, con cierto retraso, cuando en Italia ya se ha estrenado su secuela, otra vez filmada por Moccia: Scusa ma ti voglio sposare–.

La historia que narra la película está en la línea de toda la obra literaria de Moccia, sencilla y directa, pensada para pulsar las teclas del público adolescente. Por eso, cuando al exitoso publicista Alex (Raoul Bova) le abandona su novia y le deja destrozado, no sufrimos por él. Porque el director se encarga de hacer evidente que su vida va a cruzarse con la de la jovencísima Niki (Michela Quatrociocche), hecho que ocurre cuando la moto de ella choca contra el coche de él. Y aunque entre ambos hay 20 años de diferencia de edad, surge el amor entre ellos, sobre todo porque la inocencia y la alegría de la chica pone patas arriba el mundo tranquilo y rutinario de Alex, que ve cómo se derrumban sus viejas verdades, sus ideas fijas y sus grises costumbres. Claro que las cosas en una relación tan poco convencional no pueden ser fáciles, y tendrán que superar numerosos obstáculos si quieren consolidar su relación.

La productora de Perdona si te llamo amor, Rita Rusic, la define perfectamente cuando dice que es «una película para todo el mundo, los jóvenes y los que ya no lo son tanto», y asegura que «le gustará a todos los que sean aficionados a las historias románticas y también a todos los que, como yo, disfruten de una buena comedia». Se trata, al fin y al cabo, de un film planteado para funcionar a nivel comercial, de ahí que no sólo intente tocar todos los grupos demográficos posibles –por eso se introducen también los problemas de los amigos casi cuarentones de Alex–, sino que también se intente molestar lo menos posible. Moccia pasa de puntillas por las posibles aristas y los matices de la relación entre sus personajes –puede considerarse, de hecho, como una versión edulcorada de la historia de (des)amor intergeneracional que Gabrielle Muccino exploraba en El último beso–, y prefiere centrarse en lo que, como él bien sabe, interesa a su público: las relaciones románticas. Si hay un mensaje en la película, de hecho, éste versa, como indica el propio director, sobre «las expectativas que la sociedad te genera», lo que matiza con una pregunta: «¿Por qué todo el mundo tiene que casarse y tener hijos si en realidad no es eso lo que quieren?». Todo muy peterpanesco, vamos.

En todo caso, hay que reconocerle al guionista/director una cosa. Y es que, desde luego, tiene muy buen ojo –y, sobre todo, muy buen oído: sus diálogos reflejan el habla urbana a la perfección– para los retratos de adolescentes. Ahí reside lo mejor del film, en la verosimilitud con la que retrata el mundo superficial y falsamente rebelde de los teens que rodean a Niki –sobre todo, sus tres mejores amigas, Olly (Beatrice Valente), Erica (Francesca Ferrazzo) y Diletta (Michela Carpente)–, que cualquiera que tenga que tratar habitualmente con jóvenes de dicha edad reconocerá como muy ajustada a la realidad. No es de extrañar, en ese sentido, que haya captado la atención de dicho público, ya que además no trata a sus personajes más jóvenes ni con distancia ni con condescendencia.

Perdona si te llamo amor es lo que es: una película simple y vacua que resulta eficaz en lo que pretende, distraer un par de horas sin necesidad de esfuerzo intelectual alguno. Claro que también sirve como una especie de guía turística de Roma, ya que muestra «muchos lugares que han dado lugar a la ruta Moccia, restaurantes (Siciliaiboca), heladerías (Alaska, al norte de la ciudad), monumentos…». Desde luego, es una opción más económica que comprarse una guía de la capital de la República Italiana. Y más entretenida.             




Italia, 2008. T.O.: «Scusa ma ti chiamo amore». Director: Federico Moccia. Intérpretes: Raoul Bova, Michela Quatrociocche, Luca Angeletti, Francesca Antonelli, Stefano Antonucci, Francesco Apolloni, Fabrizio Bucci.




Articulo publicado en el número 302, Mayo 2009.

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