FANTÁSTICO SR. FOX
Mi vida como un zorro Por Ángel Sala
Si hay hoy en dia un cineasta arriesgado, personal, sorprendente y autocínico ese es, sin duda, Wes Anderson. Este peculiar actor ha encadenado una serie de títulos que, con mayor o menor fortuna, se enmarcan entre lo más sorprendente que el cine de Hollywood ha dado a luz en la última década. Sólo recordar la extraña narrativa anticlimática de Academia Rushmore, la melancolía de Los Tenenbaum o Life Aquatic o el vértigo emocional que provocaba Viaje a Darjeeling, permite afrontar con garantías su último trabajo, probablemente uno de los mejores films norteamericanos de lo que llevamos de año, más allá de las fronteras de la animación (formato elegido por Anderson y, en especial, una casi arqueológica stop motion más cercana a Starewitch que a Henry Selick e incluso a Harryhausen) y que en España se titula El fantástico Sr. Fox.
Anderson decide lanzar al espectador un alegato de autoreivindicación personal, donde se puede intuir una identificación entre el propio director y el protagonista, un zorro que, ante todo, decide vivir su vida sin renunciar a su propia identidad natural. Anderson tampoco renuncia a la personalidad dentro de un Hollywood que devora sin piedad a sus hijos pródigos y crea un nuevo opus totalmente coherente con el resto de su filmografía utilizando la animación más como elemento reprovocación que como deleite formal o de estilo. Y es que la stop motion de Fantástico Sr. Fox no es prodigiosa (aunque sí bellísima en su equilibrio conceptual/formal), no pretende epatar como ocurría en películas recientes como Los mundos de Coraline o, un poco más atrás, las experiencias de Tim Burton en el tema como la magistral Pesadilla antes de Navidad y la más derivativa La novia cadáver. Para Anderson, la animación (en este caso fotograma a fotograma) es sólo un medio de extrañeza que ya empleó en los momentos más delirantes de Life Aquatic, un procedimiento de enrarecimiento de su discurso, de recreación de un mundo personal que podría haber sido transmitido del igual modo mediante la viñeta estática o el musical. Lo que quiere Anderson es trasmitir de manera pura, esencial, un estado vital, resumido en el bello encuentro entre el zorro protagonista y el lobo, dos seres condenados a enfrentarse pero unidos en su rebeldía, que no es otra que la propia aceptación de su naturaleza dialéctica y conflictiva. Anderson consigue con una estética de vieja fábula, de cuento revisionista (la utilización del original de Roald Dahl no deja de ser interesada), una de las miradas existencialistas más brillantes, inteligentes, originales y puramente artísticas del cine actual, una joya incuestionable que confirma el talento de un autor insobornable, genial y absolutamente imprevisible en su futura evolución, como la del zorro al que ha dado protagonismo en este su último y arrebatador film.
USA, 2009. Director: Wes Anderson. Animación.
Articulo publicado en el número 302, Mayo 2010.
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