LA MOMIA: LA TUMBA DEL EMPERADOR DRAGON
Yetis, dragones y artes marciales
Stephen Sommers no dirige, pero maneja los hilos desde la producción. Repiten Brendan Fraser y John Hannah en sus respectivos papeles –el aventurero zoquete pero simpático y el cuñado hedonista que monta clubes nocturnos allí donde hayan momias, respectivamente–, pero Rachel Weisz ha sido substituida por Maria Bello, quizá mejor actriz pero menos convincente como heroína con glamur años 30/40. Como se trata de explotar el filón oriental (yetis, avalanchas, las montañas del Himalaya, monasterios tibetanos, el paraíso perdido de Shangri-La) con artes marciales, al reparto se han sumado Jet Li, que es la momia china que vuelve de entre corruptos y polvorientos vendajes rodeado de sus guerreros de terracota de Xián, y Michelle Yeoh, que hace más o menos lo mismo que en Tigre dragón, el cometido de la mujer sabia y algo doliente cuyo cuerpo joven, aquí, ha quedado anclado en el tiempo desde que la perversa momia de marras lo separara en vida de su amante. Estas son las variaciones, pocas, que La momia: la tumba del emperador dragón propone en relación a La momia y El regreso de la momia, las dos anteriores películas firmadas por Sommers. Le ha substituido Rob Cohen, aunque poco se nota el cambio: ambos dirigen igual a los actores y se supeditan a la parafernalia de efectos especiales, aquí más artesanales que nunca, ya que podría haberlos firmado Ray Harryhaussen de tener a su disposición un ordenador de última generación. Cohen a puesto algo de su parte, kung fú + dragones, ya que en el pasado hizo una película sobre los míticos animales escupe-fuegos y otra en formato biopic sobre Bruce Lee. Su aportación es modesta, ya que la película funciona según una fórmula inalterable en que, a diferencia de las otras dos, sobra bastante diversión y falta un mayor sentido de la aventura, aunque fuera por un lado tan retro y, por el otro, tan deudora de la estética de la saga de Indiana Jones (que vuelvan los dos personajes a la vez, Indiana Jones en su cuarta aventura y Rick O’Connell en la tercera, dice mucho de cómo funcionan las cosas en el bazar hollywoodiense). Quedan algunas escenas bien resueltas, otras concebidas tan sólo para que se luzcan en la post-producción con algún movimiento de cámara inverosímil, detalles aislados –las estalactitas que aparecen desde el suelo como dagas afiladas de cristal, la forma que tienen los yeti de proteger con sus cuerpos a los protagonistas durante la avalancha– y la confirmación de que la edad es tema baladí en las ficciones de Hollywood: el hijo del matrimonio protagonista, un tipo fornido, apuesto, seductor, aventurero, rubio, de dentadura impecable, bastante sobrado y dedicado también a la arqueología, está interpretado por un actor, el australiano Luke Ford, que solo tiene trece años menos que Fraser & Bello, sus padres en el film.
Quim Casas
USA, 2008. Director: Rob Cohen. Con: Brendan Fraser, Maria Bello, Jet Li, Michelle Yeoh, Luke Ford, John Hannah, Isabella Leong.
Articulo publicado en el número 283, Septiembre 2008.
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