EL TREN DE LAS 3:10
Camino de Yuma
Un año después (sí, han leído bien: un año después) de su estreno en EEUU y después de que en medio mundo ya se encuentre en DVD y en el otro medio ya se haya emitido por televisión de pago, llega a esta España tan única «El tren de las 3:10», el «remake» del «western» homónimo que protagonizaron Glenn Ford y Van Heflin. Ahora son Russell Crowe y Christian Bale los que encabezan el reparto de esta estimable producción que viene firmada por James Mangold («En la cuerda floja»).
No tengo ni idea del por qué del retraso de la distribución de El tren de las 3:10 en España. Ni me importa. Pero sea cual sea la respuesta, seguro que obedece a motivos que dejan bien claro el estado de las cosas en el mundo del cine en el país. ¿Cómo es posible que una cinta con un reparto como este –Crowe, Bale, Peter Fonda–, con un director de cierto renombre –a él se le debe, y no por casualidad, Cop Land– y con un resultado tan sobresaliente requiera de doce meses hasta llegar a las pantallas españolas? En fin, que será mejor no hurgar en los motivos, no vaya a ser que algunos se enfaden y vayan a llamar al editor de «Imágenes» quejándose de mi actitud (lo que no sería la primera vez). A lo que iba: El tren de las 3:10 se merecía mucha mejor suerte en la taquilla mundial y, además, en cualquier listado de lo mejor del año tanto en el aspecto crítico como en el de premios. No es que fuera un estrepitoso fracaso (lleva recaudados 68.1 millones en todo el mundo, lo que no es para lanzar las campanas al vuelo, pero tampoco es para tirarse de los pelos); ni tampoco fue machacado por la crítica (obtuvo más de un 70% de comentarios positivos en EEUU) o por los galardones anuales (recibió dos nominaciones al Oscar, a la mejor banda sonora y a la mejor mezcla de sonido). Pero este western contemporáneo, que le debe tanto al original como al cine de Sergio Leone, resulta una experiencia cinematográfica de primer orden. En cierta forma El tren de las 3:10 es al género del Oeste lo que El caballero oscuro es al de superhéroes (manteniendo las distancias entre una buena película –la primera– y una obra maestra –la cinta de Chris Nolan–): un ejemplo de calidad se mire donde se mire.
El género maldito
Así, no hay instante en el que uno mire la pantalla y no vea un actor haciendo gala de sus excelencias (ya sea un extraordinario Russell Crowe, un introspectivo Christian Bale o un villano tan sexualizado como el que encarna Ben Foster); escuche unos diálogos ejemplares (el guión presenta una estructura ajustada, un segundo acto ampliado con respecto a la cinta original y una resolución satisfactoria y madura); se deleite con una puesta en escena clásica y elegante; y se percate de la impecable labor de los encargados de la fotografía, el diseño de producción y la música. ¿Y por qué El tren de las 3:10 no se acerca ni de lejos al éxito de cualquier otra producción reciente? Muy sencillo: es un western. Un género maldito. Es de sobras conocido por los magnates de Hollywood que los largometrajes adscritos a tal género no interesan ni al público menor de 30 años ni al mercado internacional (sin ir más lejos, sólo 14.5 millones de los 68 ingresados por el film pertenecen a dicho segmento de la taquilla; y hasta una película oscarizada por Sin perdón se las vio y deseó para atraer a público más allá de las fronteras de EEUU, ingresando 51 millones alrededor del mundo, menos en aquél país, donde superó los 100 millones). Así que será mejor no quejarse: y si los únicos dos westerns estrenados en 2007 –El tren de las 3:10 y El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford– no triunfaron como se merecieron, no fue por falta de ambición y buenos resultados.
Dan Evans (Christian Bale) es un ranchero que sobrevive como puede con su familia, formada por su esposa Alice (Gretchen Mol) y sus dos hijos Will (Logan Lerman) y Mark (Benjamin Petry). Los Evans están al borde de la ruina, y cuando los hombres de Glen Hollander (Lennie Loftin), a quien Dan debe dinero, queman parte de su propiedad, la sitación no hace más que empeorar. Un día, Dan y sus hijos se topan con la banda de Ben Wade (Russell Crowe), justo después de haber atacado a Byron McElvoy (Peter Fonda) y los suyos mientras éstos transportaban dinero. McElvoy es el único superviviente de la emboscada. Wade se da cuenta de que los Evans no suponen peligro alguno, por lo que los deja marchar, pero sin sus caballos, que deja a pocas millas de distancia, camino de Bisbee. Cuando Evans y McElvoy son localizados, el primero revela la destinación de Wade. Una vez en Bisbee, Evans lidia con Hollander, quien deja claro que no tiene intención de dejarlo en paz en su rancho. Tras un altercado, Evans se topa con Wade, con quien conversa el tiempo suficiente como para que sea detenido.
3:10 en punto
Ahora, con uno de los hombres más buscados enmanillado, Grayson Butterfield (Dallas Roberts), propietario de la compañía de transporte afectada por los robos y crímenes de su banda, contrata a McElroy, el doctor Potter (Alan Tudyk) y Evans para trasladar a Wade a Convention, donde un tren lo recogerá y lo enviará a la prisión de Yuma. Hora de salida: las 3:10. El problema no está sólo en el mismo Wade, inteligente y sibilino como el que más, sino en el resto de su banda, ahora encabezada por su mano derecha, Charlie Prince (Ben Foster), que planea su rescate. Los acontecimientos no harán más que precipitarse debido a un súbito encuentro con los apaches, a la aparición de Will –quien admira a Wade y, al mismo tiempo, considera a su padre un veterano fracasado de la Guerra Civil– y a un cara a cara con los encargados de supervisar la construcción del ferrocaril. Todo ello antes de llegar a Convention…
El interés del director James Mangold por llevar a cabo un remake de El tren de las 3:10 viene de lejos. Durante una de las clases de cine a las que asistió –y cuyo profesor era el cineasta británico Alexander Mackendrick–, tuvo oportunidad de ver la cinta de Delmert Daves. Y enseguida se enamoró de ella. El proyecto no fue fácil de llevar a cabo. En un principio la productora iba a ser Sony Studios, a través de Columbia Pictures; pero eso fue cuando Tom Cruise se mostró interesado en el guión (que por cierto mantiene líneas de diálogo intactas del libreto original). Tan pronto como éste se desentendió de él, los directivos de la empresa se lavaron las manos, y dejaron que Mangold se llevara el proyecto a otra compañía. Al final, fue la independiente Lionsgate la que mordió el anzuelo. El siguiente paso fue elegir el reparto. Después de que Eric Bana rechazara el papel de Evans, Mangold convenció a Bale. Para encarnar a Wade, el director de Inocencia interrumpida volvió a enviarle el libreto a Crowe, quien lo había leído seis años antes.
Todo es gris
En una rueda de prensa celebrada en Los Angeles –y en declaraciones que recogí para el diario «La Opinión»–, el actor australiano comentó que lo que le gustó del guión fue «la dinámica entre los dos personajes principales». Crowe aseguró que Wade, a pesar de las apariencias (su relación con el hijo de Evans, Will, y que recite la Biblia en numerosas ocasiones), «no tiene conciencia. Creo que es alguien que sabe sobrevivir a cualquier situación, y el final muestra precisamente eso. Su grupo de bandidos acaba por convertirse en una banda demasiado peligrosa. Por eso toma la decisión que se ve en el film».
Por su parte, Mangold, en esa misma jornada de promoción, defendió el género del western sin miramientos. «En los “westerns” todo es gris. John Wayne no era un buen tipo en Centauros del desierto, comentó. Jack Palance tampoco era quien aparentaba en Raíces profundas. Todos esos personajes mostraban el gris que emerge entre el bien y el mal. La verdad es que los “westerns” no son tan simples como algunos dicen. Están más cercanos a Taxi Driver de lo que creemos, porque permiten explorar alegorías acerca de muchos temas, como el de la Guerra Civil, en el caso de El tren de las 3:10. También bromeé con Peter Fonda al decirle que su personaje estaba inspirado en Dick Cheney, porque es alguien que usa a Dios y la violencia para justificar la ley y el orden. No pretendo hacer una declaración política, pero creo que son estos detalles los que ayudan a la gente a pensar».
Mejor que el original
Por lo que respecta a la decisión de rodar una nueva versión de un título previo, Mangold detalló que «hay dos formas de aproximarse a un “remake”: la cínica, aprovechando series de televisión o juguetes, y la nuestra. La cinta original no es tan conocida. Es una gran película, pero no es legendaria, no es un icono del género. Pero lo que sí es, es una historia inmortal». La productora Cathy Konrad, esposa de Mangold, añadió que «la pregunta a hacerse en ocasiones como esta es: ¿qué guión puede convertirse en un buen “remake”? Yo creo que la respuesta es cuando el material puede ir más allá. A los dos nos encanta el film original. Pero este no tiene un segundo acto. En nuestra versión esa parte central de la historia, el viaje a la estación de tren, está mucho más conseguida. Y la presencia del hijo de Christian Bale le da un nuevo significado a su personaje», relató destacando las dos variaciones más evidentes con respecto al film de 1958.
Ya sé que para muchos decir que una producción de 2007 es mejor que otra estrenada en la época dorada del cine resulta un sacrilegio. Pero sin que resulte un ataque a la cinta protagonizada por Glenn Ford, esta nueva El tren de las 3:10 mejora en numerosos aspectos a su precedente. No sólo en ese segundo acto que comentaba Konrad (y que ofrece al espectador la oportunidad de degustar algunos de los mejores minutos de la carrera de Crowe), o en la extensión del personaje del hijo del protagonista; también en las escenas de acción (signo de los tiempos) y en el empleo del paisaje como arma visual. Lo que la primera El tren de las 3:10 tenía de íntima y claustrofóbica, la nueva versión lo tiene de espectacular y enérgica. Lo que permanece es una lucha psicológica entre el bien y el mal, entre valores morales enfrentados y contradictorios, entre formas de ver el progreso y prepararse para el futuro. Ojalá todos los remakes fueran así. Josep Parera
USA, 2007. T.O.: «3:10 to Yuma». Director: James Mangold. Productora: Cathy Konrad. Producción: Tree Line Films para Relativity Media/Lionsgate. Guión: Halsted Welles, Michael Brandt, Derek Haas, basado en el relato de Elmore Leonard. Fotografía: Phedon Papamichael. Diseñador de producción: Andrew Menzies. Música: Marco Beltrami. Montaje: Michael McCusker. Intérpretes: Russell Crowe (Ben Wade), Christian Bale (Dan Evans), Peter Fonda (Byron McElroy), Gretchen Mol (Alice Evans), Ben Foster (Charlie Prince), Dallas Roberts (Grayson Butterfield), Alan Tudyk (Doc Potter), Vinessa Shaw (Emma Nelson), Logan Lerman (William Evans).
Articulo publicado en el número 283, Septiembre 2008.
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