BEN BARNES
Protagonista de «Las crónicas de Narnia: el príncipe Caspian»
Por Gabriel Lerman
Tiene el físico perfecto para ser galán de cine, y sin embargo, hasta hace poco este nativo de Inglaterra de veintiséis años era simplemente un atareado actor de teatro que formaba parte del elenco de la celebrada puesta de «The History Boys» en Londres. Si bien lo vimos en un pequeño papel en «Stardust», en donde encarnaba a Dunstan Thorn cuando era joven (interpretado en la mayor parte del film por Charlie Cox), la gran pantalla le resultaba esquiva, algo que cambió por completo cuando Andrew Adamson se decidió por él a la hora de elegir a un actor desconocido para que interpretara al príncipe Caspian en la segunda entrega de «Las crónicas de Narnia». Y aunque tuvo que renunciar a la exitosa puesta teatral para irse a filmar a Nueva Zelanda, la elección de Barnes ha sido acertada. Ya ha concluido el rodaje como protagonista de dos películas más, «Bigga Than Ben» y «Easy Virtue», y está asegurada su participación en «The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Trader», que se estrenará en 2010.
— Qué hiciste durante la audición para convencer a los productores de que eras el actor indicado para interpretar al príncipe Caspian?
— No lo sé, todo sucedió muy rápido. Es decir, literalmente me enteré el día anterior de que estaban realizando las pruebas para este papel, de modo que fui a mi casa y, como pedían que habláramos con acento español, comencé a buscar en mi colección de DVD alguna película con Antonio Banderas. Como no tenía ninguna, seguí revolviendo hasta que encontré la vieja versión de La princesa prometida y me puse a escuchar con atención para intentar captar algunas palabras. Cuando me presenté en el plató, tuve que imitar el acento español mientras sostenía una espada contra la garganta del villano Miraz diciéndole con acento castizo: «tú has matado a mi padre», y pensaba que eso me hacía recordar algo. De todas formas, no podía haber estado más preparado para el papel, porque, como dije, soy un fanático de la saga y estaba muy familiarizado con el libro. Ese fue un punto a favor, ya que no tuve que correr a casa a leer la historia para poder preparar el personaje. Es decir, sabía que Caspian era un muchacho frágil, vulnerable, que no se siente seguro de merecer la responsabilidad que ha caído sobre sus hombros, ni se siente cómodo con la posición de poder que le ha tocado. Creo que esa característica de Caspian nos ayudó a todos los que estábamos en la audición, porque los actores suelen sentirse nerviosos y ansiosos cuando se someten a este tipo de pruebas. De todos modos, no creo que haya habido ninguna razón por la que me hayan elegido a mí y no a otro candidato. Probablemente se estaban quedando sin tiempo y decidieron que el próximo que entrara por la puerta iba a obtener el papel. Y entonces aparecí yo...
— ¿Recuerdas el momento en que te enteraste de que te habían dado el papel?
— Por supuesto. No puedo llegar a describir lo que fue esa noche, cuando me enteré que me lo habían dado. Me dijeron que me iban a llamar cuando tomaran la decisión y repuse que me llamaran cuando fuera porque tenía que saberlo, y así fue: me llamaron a las cuatro de la mañana de Londres y me puse a correr por casa gritando de contento. No te puedo explicar la emoción que sentí porque me dieran mi primer papel protagonista en una gran película de Hollywood, y particularmente cuando se trata de algo con lo que has crecido leyendo. En tu vida no te topas con muchos momentos como ese.
— ¿Y cómo fue después? Mientras esperabas que comenzara el rodaje…
— Recuerdo que mientras me preparaba para la audición alquilé la primera película y me quedé muy impresionado. Me di cuenta de que se trataba de una gran superproducción. Pero también recuerdo cuando vi la serie de la BBC, que era encantadora. Tenía apenas ocho años. Era algo mágico y a la vez algo real. Pero ahora cuando la vuelvo a ver me doy cuenta de que se trata de un enano en un traje de ratón. Ni siquiera había efectos especiales. No era un ratón, era un hombre. Y es algo que hablé con Warwick Davis porque estuvo en esa serie. Volví a ver algunos minutos de la serie cuando estábamos filmando y tuve que dejarlo porque era muy difícil verla durante un rato. Es como cuando te pones a ver otra vez los viejos episodios de He-Man y te das cuenta de que están usando el mismo cuadro constantemente. No quieres que pierda la magia, pero los niños de hoy no saben la suerte que tienen.
— ¿Fue un desafío interpretar a un personaje más joven que tú?
— Honestamente, creo que no interpreté una edad determinada. Creo que intentar parecer más joven o más viejo es muy difícil, y tratar de hacerlo es buscarse muchos problemas. Sostengo que la edad y la apariencia guardan una estrecha relación, y el público puede creerlo o no. En este caso, para nuestra versión de la historia, lo más importante con respecto a ese punto era que Peter y Caspian aparentaran tener una edad parecida, y creo que lo logramos.
— ¿Cómo fue filmar la escena del beso entre tu personaje y el de Anna Popplewell?
— Fue muy sencillo. Estoy acostumbrado, porque he tenido escenas de besos en casi todos los trabajos que he realizado hasta este momento. Además, siempre es divertido filmarlas. Sin embargo, lo que me preocupaba de esa escena, para ser honesto, era el hecho de que ese beso no aparece en el libro. Como buen fanático que soy de «Las crónicas de Narnia», me di cuenta de ese detalle inmediatamente. Además, también filmamos una escena muy importante entre Caspian y Susan que al final no quedó en la película. Cuando salga el DVD la gente la podrá ver en la sección de escenas que quedaron fuera, pero creo que la decisión de sacar ese fragmento favoreció mucho al film terminado. Entiendo claramente la razón por la que lo hicieron, y cuando vi la película me alivió constatar que esa escena ya no estaba. A pesar de que de verdad había quedado muy bien y era muy creíble. Es decir, hay ciertas miradas especiales entre los dos personajes, pero luego viven toda esta aventura juntos sin hablar ni una sola vez sobre lo que sienten, porque están en medio de la trama. Finalmente, en la despedida, Susan decide besarlo al darse cuenta de que ya no volverá a verlo. Creo que esa escena resultó muy creíble, y eso es mérito de Anna y del director, Andrew Adamson. Lo único que hice fue quedarme de pie y recibir un beso, que debe ser el trabajo más fácil del mundo. Creo que ese momento tiene un toque sutil, y pienso que sucede algo parecido en la forma en que se narra la relación entre Caspian y Peter. Al principio, me preocupaba que esa rivalidad entre los dos muchachos se viera como una pelea entre animales por su territorio, pero luego noté que ese enfrentamiento es algo que surge a partir de la historia que se está contando y de las situaciones en que están inmersos, por ejemplo, la tragedia de perder a ciertas personas y el ataque nocturno. La situación los ha puesto al borde del abismo y ninguno de los dos está seguro del lugar que ocupan en el mundo. Era un líder y ha perdido su poder, y Caspian es muy ambivalente con respecto a su posición. No se siente preparado para ser un líder ni un hombre, pero de todas formas lo fuerzan a tomar el control de la situación. Por todos esos motivos, me quedé muy conforme con la sutileza de ciertos detalles y con la sensación de madurez que transmiten esos personajes.
— ¿Pasaste algún momento humillante en el plató?
— Sí, hubo algunos episodios de ese tipo. Por ejemplo, durante mi primer día en el set no iba a hacer ninguna escena pero tenía que probarme el vestuario y el maquillaje. Me habían puesto extensiones de cabello y también una peluca, porque aún no sabían cuál de las dos iba a quedar mejor. Además, me habían hecho una especie de bronceado artificial y se habían pasado dos horas haciendo los últimos arreglos del vestuario, ya que, una vez que apareciera en escena, no iba a poder modificarse. Estaba caracterizado de esa manera esperando que mis compañeros volvieran del plató. En ese momento llegó Andrew, el director, y se acercó a hablarme, lo que me puso un tanto nervioso porque sólo lo había visto dos veces en mi vida. Entonces, apareció Will, que decidió gastarme una broma fingiendo que me arrojaba zumo de naranja a la cara. El problema fue que en vez de fingirlo, accidentalmente presionó demasiado el vaso y toda la bebida cayó sobre mí. En ese momento me enojé mucho, pero él salió corriendo y desapareció rápidamente porque es muy veloz. De modo que quedé parado allí, rodeado de esas pobres personas que habían tardado una eternidad en vestirme, maquillarme y peinarme, que me miraban con una expresión boquiabierta. Will ya se había ido, y no pude hablar con Andrew porque tuve que ir a cambiarme otra vez. De modo que fue una situación bastante embarazosa. En otra ocasión, me gastaron una broma en una escena del comienzo de la película, en la que el profesor debía despertarme y ponerme la mano sobre la boca. La habíamos rodado correctamente, pero Andrew dijo que quería repetirla con menos luces. De modo que volví a cerrar los ojos para fingir que dormía, lo cual te deja en una posición bastante vulnerable ya que no puedes ver lo que sucede a tu alrededor. De pronto, sentí que me besaban en los labios y pensé que, si al abrir los ojos veía al profesor besándome, me iba a enojar mucho. Luego descubrí que era la ayudante del director quien me estaba besando, lo cual no me molestó porque es muy atractiva. Estoy seguro de que esa toma estará incluida en el material adicional.
— ¿Pudiste vengarte de William por aquella broma?
— En realidad, no. Pero siempre me burlaba de él cuando utilizaba mi espada de utillería. Le decía «tu espada no es tan grande como la mía, ¿verdad?». Y, como tenía razón, no podía responderme y era un punto a mi favor.
— ¿Fue divertido para ti hacer las escenas de acción o te las tomaste como una parte más del trabajo?
— Creo que fue un poco de ambas cosas. La parte que más disfruté fue cuando practicamos la coreografía de las batallas, pero cuando tuvimos que realizar las escenas fue agotador, ya que las rodábamos a las cuatro de la mañana, bajo la lluvia, y, por si eso fuera poco, tengo una lesión en el codo por jugar al tenis que me incomodaba. Por otro lado, debo destacar que es muy satisfactorio el hecho de enfrentarte con ocho hombres y derrotarlos uno tras otro con facilidad. Sobre todo sabiendo que no podía perder en las batallas porque ya he firmado el contrato para aparecer en la próxima película de la saga.
— ¿Qué sentiste al caminar por Times Square, en pleno centro de Nueva York, y ver tu cara en una cartelera gigantesca?
— Bueno, fue bastante extraño. En realidad, el cartel que más me impactó fue uno que vi mientras conducía por Sunset Boulevard, en Los Angeles. Tenía unos diez pisos de altura y me quedé sin aliento al observarlo. De hecho, me impresionó tanto que tuve que aparcar el vehículo. Me sentí un poco intimidado y nervioso, pero en realidad no sé por qué me sucedió eso, ya que era consciente de que la película iba a tener una enorme cantidad de publicidad gráfica en las calles. Cuando le comenté la situación a mi hermano, se lo tomó con humor y me dijo que el muchacho de la foto no era yo, sino un personaje, porque no suelo verme tan bronceado.
— ¿En cuántas películas más de la saga participarás?
— Por el momento, sólo está confirmado que trabajaré en la próxima, que se va a titular The Voyage of the Dawn Treader. Creo que será muy emocionante, ya que es mi libro favorito, y además me encanta la trama, que es una aventura que te lleva por diferentes lugares. Sin embargo, estoy un tanto nervioso por ver cómo logran adaptar la historia, ya que el libro es muy episódico, y creo que es muy difícil trasladar una historia con esas características a un guión cinematográfico, porque se hace necesario encontrar un núcleo argumental que pueda unir todos esos episodios. El problema básico es que el libro se enfoca tanto en los diferentes episodios, que prácticamente la trama avanza con respecto a lo que vimos en El príncipe Caspian. Sin embargo, me han asegurado que la trama se basará en el descubrimiento personal de Caspian, en relación con la frase que dice el príncipe al final de esta segunda parte, cuando los reyes de Narnia se levantan, y confiesa que no se siente seguro para asumir su nuevo rol. Por supuesto, en la tercera parte cargará con la responsabilidad de ser rey, de modo que estoy ansioso por ver cómo encaja esa faceta con su personalidad, porque creo que será muy interesante.
— ¿Fue duro fue tener que decirle adiós a «The History Boys» para hacer esta película?
— Definitivamente fue un período difícil para mí. Fue mucho más duro de lo que había imaginado, porque mi sueño siempre fue pertenecer al National Theater. Si eres británico, tienes diez años y vas con tus padres al National Theater, allí está el pináculo de la actuación. Y de pronto me ofrecen este trabajo. Estuve de gira durante seis meses por el Reino Unido y en el West End, con esta obra asombrosa del brillante dramaturgo británico Alan Bennett. Y luego, unas pocas semanas antes de terminar, recibo la propuesta de trabajar en este film basado en un libro de C.S. Lewis, otra leyenda británica, en una película que es un medio en el que no tengo demasiada experiencia. Sólo había trabajado en dos largometrajes en mi carrera, y tuve la mala fortuna de que ambos se rodaron en el mismo año. Sé que puede sonar desagradable y arrogante que diga que no me gustó el hecho de que dos de los sueños de mi vida se hicieran realidad al mismo tiempo, pero realmente fue una época muy difícil para mí, ya que me considero una persona muy leal y me costó tener que renunciar a la obra para poder hacer Narnia. Pensé que todo iba a resultar bien, pero no fue tan sencillo.
— ¿Es muy diferente trabajar para el cine que hacerlo en el teatro?
— Se necesitan diferentes talentos. En el teatro tienes que pasarte dos horas y media en el escenario, mientras que en una película como ésta tienes que pasarte siete meses para recorrer ese mismo viaje de dos horas y media. Por lo tanto, tienes que prepararte para cada momento individual. El problema es que puedes terminar preparándote demasiado para una escena porque eso es lo único que vas a hacer ese día, y se vuelve lo más importante en tu vida. Pero la realidad es que tal vez esa escena no sea tan importante, porque es sólo una parte de algo mucho más grande. Hay momentos en los que hay que aprender a relajarse un poco, porque no puedes hacer la escena con demasiada intensidad. Creo que es algo que lleva años, poder establecer la diferencia y habituarse a pasar del cine al teatro y del teatro al cine. Lógicamente, la mayor parte de mi experiencia ha sido sobre el escenario, pero no veo la hora de poder trabajar con más frecuencia en el cine.
— ¿Cómo te tomas tu nueva vida como galán de cine?
— Sinceramente, me enfrento con eso bajando la cabeza y avergonzándome cuando la gente me habla del tema. Pero, más allá de ese detalle, me parece divertido. Es decir, es halagador ver tu imagen en los carteles publicitarios. Recuerdo que cuando Mark Johnson me trajo el póster y lo vi por primera vez, le dije que cuando vieran mi rostro nadie iba a saber quién era yo. Me respondió que ya se había dado cuenta, pero que no podía hacer nada al respecto ya que el título del libro, al igual que el de la película, incluía al príncipe Caspian, por lo que mi imagen debía estar en el anuncio.
— ¿A qué edad comenzaste a actuar?
— Cuando tenía 15 años, una persona del National Youth Music Theater vino a realizar audiciones en mi escuela en Inglaterra. Había cantado en el coro de la escuela, pero como mi voz cambió y ya no tenía un buen timbre de voz, pensé que el teatro musical podía ser una buena opción. En los siguientes cinco o seis años, la parte musical dejó de interesarme gradualmente y entonces ingresé en la universidad para estudiar teatro.
— ¿Te preocupa la posibilidad de quedar encasillado en un mismo tipo de personaje?
— A decir verdad, siento que he tenido mucha suerte en mi carrera. Debo aclarar que la mayoría de mis trabajos no han sido vistos por una gran cantidad de público, porque generalmente he trabajado en teatros modestos, películas pequeñas, o en episodios pilotos de televisión que nunca se emitieron. Sin embargo, he tenido la posibilidad de encarnar a una gran variedad de personajes, como un jugador de fútbol americano, un mafioso ruso que vive en Londres, un príncipe español, o un alumno de escuela de Yorkshire, entre otros papeles. He sido tan afortunado al poder interpretar esa clase de papeles que ni siquiera he podido utilizar mi propio acento en algunos de estos trabajos. De modo que me gustaría que esta variedad de oportunidades siguiera estando a mi alcance en el futuro. Creo que probablemente voy a poder lograrlo, porque, cuanto más grandes son las películas en las que un actor participa, mayores son las oportunidades laborales que se le presentan. Luego, sólo es cuestión de elegir los proyectos más apropiados, es decir, aquellos que sienta que puedo hacer, porque para mí lo más importante es, por un lado, creer que la historia merece ser contada, y, por otro, sentir que puedo lograr un buen trabajo al encarnar a mi personaje. Lo que sí creo es que en el futuro tendré que evitar los proyectos que incluyan caballos y espadas, porque está claro que no sería una buena decisión a largo plazo seguir haciendo este tipo de papeles.
— ¿Qué podrías comentar sobre «Easy Virtue», la película que estás filmando junto a Jessica Biel?
— Está ambientada en el año 1928 y creo que la mejor forma de describirla es compararla con Los padres de ella, la comedia de Ben Stiller. Excepto que, en este caso, se trata de unos padres muy aristocráticos. En la película, decido casarme impulsivamente con una chica norteamericana y la llevo a mi casa a conocer a mi familia, que es inglesa. Mis padres son interpretados por Colin Firth y Kristin Scott Thomas. La trama tiene momentos muy cómicos, pero también ciertas connotaciones oscuras. Está dirigida por Stephan Elliot, el de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, que en cierta forma tiene el mismo estilo, es decir, una trama muy entretenida y ridícula, que además tiene un toque de oscuridad y tristeza bajo la superficie.
— ¿Hubo algún incidente memorable durante ese rodaje?
— No, pero lo irónico fue que el rodaje de Narnia me lo pasé montando a caballo. Es decir, ya habíamos filmando durante siete meses atravesando ríos y montañas, subiendo y bajando rampas, peleando con espadas, y jamás me había caído del animal. En cambio, en esta película sólo tenía un día de filmación a caballo en una escena que transcurre durante una cacería de zorros. En la primera toma caí en una depresión del terreno que provocó que el caballo se asustara y salí volando. Me lastimé gravemente el ego, aunque, por suerte, eso fue todo.
Articulo publicado en el número 282, Julio-Agosto 2008.
© DIRIGIDO POR, S.L. Prohibida su reproducción total o parcial.