COHERENCE

Atrapados en el multiverso                                                                   Por Javier Pulido


                                     

James Ward Byrkit no se cansa de confesar, a quien pueda interesar, que le encantaría filmar en breve una película de ciencia ficción para un público masivo. «Coherence», un «hype» festivalero tan arriesgado como vanidoso, es la carta de presentación con la que espera despertar el interés de las «majors».



Se puede hablar en propiedad de una nueva ola de películas de ciencia ficción de bajo presupuesto? Hace escasos meses, un artículo del «Wall Street Journal» levantaba la presunta liebre con el ánimo de categorizar una serie de films recientes que tratan de responder a las grandes preguntas del género –los orígenes de la vida, la inteligencia
artificial o las implicaciones de los viajes en el tiempo–, prescindiendo, más por convicción que por necesidad, del aparatoso andamiaje visual de los grandes blockbusters del momento. Una tentadora etiqueta, al menos en teoría, porque a la hora de la verdad tienen muy poco que ver la ciencia ficción intelectualizada de Primer, de Shane Carruth, con las ligeras alegorías sociopolíticas de Monsters. Esta última película, por cierto,  le ha valido el ascenso a Gareth Edwards a la liga de los grandes estudios, poco reacios por lo demás a arriesgar su dinero fuera de la zona de confort de las franquicias consolidadas. Es precisamente esta conservadora política de mínimo riesgo que se ha implantado en Hollywood la que ha obligado a los cineastas que se están atreviendo con la versión de bajo coste del género a plantar batalla en la periferia de la industria, si exceptuamos iniciativas aisladas como Insurge Pictures, creada por Paramount para auspiciar películas de presupuestos ínfimos por si suena la flauta de la taquilla.

En el mejor de los casos, de momento solo puede hablarse de un fenómeno coyuntural del que solo tienen constancia el público festivalero y la cinefilia más hardcore; tan flexible y poco acotado que apenas sorprende el desembarco en el mismo de James Ward Byrkit, responsable del guión de la fantástica Rango y los storyboards de la saga Piratas del Caribe. «En las grandes producciones te pasas la mayor parte del tiempo esperando en lugar de haciendo cine. Está todo tan planificado que pierdes la capacidad de improvisar y la espontaneidad. Esto me llevó a preguntarme: ¿no sería genial no tener que preocuparme de otra cosa que no sean los actores y la historia en sí? Dicho y hecho, me deshice de todo –el equipo de rodaje, el guión y los efectos especiales– y rodé fundamentalmente en el salón de casa con apenas tres elementos: una cámara –principalmente, la Canon 5D–, un grupo reducido de actores y una idea argumental». Este es el germen de Coherence, una modesta producción protagonizada por un grupo de viejos amigos que decide reunirse para cenar y observar juntos el paso de un cometa. Una de las invitadas, Em (Emily Baldoni), recuerda que el paso de un astro en 1923 alteró la personalidad de los habitantes de un pequeño pueblo finés. Al poco de finalizar su relato, las luces se funden en casi todo el vecindario sin que medie explicación alguna: es solo el primer aviso de lo que les espera a los personajes de esta versión indie de El ángel exterminador: el paso del cometa les ha trasladado a una dimensión donde existen múltiples versiones de cada uno de ellos, con las que no saben cómo lidiar. ¿Son las intenciones de «los otros» pacíficas o se impone la violencia para que perviva una sola de estas realidades y los personajes puedan volver a la casilla de salida?


UN CEBO PARA SCHRÖDINGER

Coherence juega con las posibilidades que ofrece la hipótesis del multiverso, término acuñado por el psicólogo William James y defendido por eminencias como Stephen Hawking en libros como «El gran diseño», donde sostiene la existencia de múltiples realidades paralelas a la nuestra. Se trata de un concepto muy socorrido en las páginas de cientos de libros y en los cómics de Marvel y DC, aunque apenas se haya abordado en cine. Pero, ojo, a diferencia de la citada Primer, aquí no hay la más mínima intención de que el hecho científico parezca plausible en pantalla. «Usamos la excusa del cometa para aclarar a la audiencia que estamos ante algo parecido a un episodio de “La dimensión desconocida”, lo que nos libera de la necesidad de atenernos a la veracidad científica y nos permite diseminar por la trama una serie de pistas falsas con las que los personajes intentan salir del atolladero, pero que a la postre no conducen absolutamente a nada. Es el caso de la teoría del gato de Schrödinger». Todas las pistas y acertijos del deliberadamente tramposo guión estaban en el tratamiento de 12 páginas al que el director y uno de los actores,
Alex Manugian, dieron forma durante un largo año...y que se escatimó al resto de equipo actoral. En cada una de las cinco noches que duró el rodaje, a cada intérprete se le entregaban una serie de notas sobre su personaje, sobre las que debían improvisar e interaccionar con el resto del reparto. En ocasiones, la espontaneidad del elenco acabó mejorando el material original. Otras veces, el exceso de creatividad obligaba a detener el rodaje para mantener la lógica narrativa.

«Espero que algún día “Coherence” encaje en esa categoría de películas que juegan con tu percepción de la realidad como “Donnie Darko” o “Memento”, que incluyen ese giro que te hace querer verlas otra vez para entender lo que has visto», explica el director sobre un divertimento socio-metafísico que gira en torno a una interrogante: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar los personajes con tal de alcanzar una versión de la realidad que les satisfaga y en la que sientan que encajen? Como en aquel magistral capítulo de la primera temporada de La dimensión desconocida, Los monstruos de la calle Maple, los personajes de Coherence proyectan sus temores en los demás porque no se atreven a admitir que tienen miedo de sus relaciones disfuncionales, sus secretos culpables y sus paranoias urbanitas, que la alteración cósmica provocada por el paso del astro saca a la superficie. Semejante material de partida queda afectado en parte por el runrún de fondo del cine mumblecore y algunos agujeros de guión que no acaban de estar justificados ni en nombre de los múltiples McGuffins diseminados por la trama; titubeos propios de un debutante más preocupado en llevar a buen puerto su autoimpuesto y ensimismado ejercicio de estilo que en pulir las imperfecciones de lo que potencia es una pequeña joya del sci-fi en versión discursiva.                                                                                                                                                                                                  



USA, 2013. T.O.: «Coherence». Director: James Ward Byrkit. Productores: Lene Bausager, Doug Blake, Alyssa Byrkit. Producción: Bellanova Films, Ugly Duckling Films. Guión: James Ward Byrkit, Alex Manugian. Fotografía: Nic Sadler. Música: Kristin Øhrn Dyrund. Montaje: Lance Pereira. Intérpretes: Emily Baldoni (Em), Maury Sterling (Kevin), Nicholas Brendon (Mike), Elizabeth Gracen (Beth), Alex Manugian (Amir), Lauren Maher (Laurie), Hugo Armstrong (Hugh), Lorene Scafaria (Lee).



Articulo publicado en el número 350, Octubre 2014.

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Nº 350

Octubre 2014