ORÍGENES

Los ojos de Sofi                                          Por Tonio L. Alarcón/ Roberto Alcover Oti



                                     

Director y protagonista de la muy reivindicable «Otra Tierra», Mike Cahill y Brit Marling, vuelven a unir fuerzas en el segundo largometraje de aquél, «Orígenes». Se trata, de nuevo, de una aproximación íntima a la ciencia ficción, con Michael Pitt como actor principal, y que profundiza en la trascendencia a partir de una curiosa teoría sobre el ojo humano.



Incluso cuando tu debut en el largometraje de ficción es una película tan modesta como Otra Tierra, las expectativas creadas, la tensión por lograr una acogida igual de cálida, hacen muy difícil escoger un segundo proyecto. Aun así, Mike Cahill confiesa que llevaba años dándole vueltas a una frase que escribió, recién levantado, en un
papel: «Los ojos de los muertos o los ojos de los muertos retornados en recién nacidos». Eso le impulsó a investigar sobre el tema, partiendo del descubrimiento del científico John Dauman de que «cada ser humano posee un patrón único y medible del iris, al igual que las huellas dactilares», y le hizo interesarse por la obra del biólogo evolucionista Richard Dawkins, ateo convencido, a partir de lo que desarrolló lo que califica de «tanto un drama como una película de ciencia ficción pero, al final, trata del amor y su naturaleza infinita». Uno de los productores de Orígenes, Hunter Gray, indica que el director «llevaba mucho tiempo hablando de este guión», lo que impulsó, como explica el otro director, Alex Orlovsky, a desarrollarlo hasta el punto de que «la idea principal fue creciendo, y los personajes ganaron en profundidad y seriedad. Evolucionó de un proyecto de bajísimo presupuesto hasta convertirse en esta ambiciosa segunda película de Mike».

El protagonista de la historia es un joven científico, el Dr. Ian Gray (Michael Pitt), un biólogo molecular que estudia la evolución del ojo humano, y que Cahill define como «un investigador, cuyo trabajo le lleva a cuestionarse sus creencias sobre la ciencia y la espiritualidad». En una fiesta nocturna, conoce a una misteriosa mujer enmascarada, con unos ojos asombrosos, pero tras ese breve encuentro, desaparece sin decirle su nombre. Tras un poco de búsqueda, Ian consigue dar con Sofi (Astrid Bergès-Frisbey), iniciando una relación que le llevará a dar un giro completo al enfoque de su propio trabajo. A medida que sus investigaciones continúan junto a su compañera de laboratorio, Karen (Brit Marling), van avanzando hacia un descubrimiento sorprendente, con implicaciones de tal alcance que complican sus creencias tanto científicas como espirituales. Lo que llevará a Ian a emprender un viaje por medio mundo, en el que arriesga todo lo que sabe para validar su teoría. La intención de su búsqueda, señala el director, es inspirar «esperanza y preguntas», pero también desarrollar su idea de que «cuanto más estudiamos el mundo a través de la ciencia, más nos acercamos a lo que se entiende como una vida espiritual, y espero que estas dos cuestiones queden claras en la película. Quiero que incentive el diálogo».


INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS

Desde el primer momento, Cahill tuvo claro que quería a Pitt como protagonista absoluto de Orígenes, porque, como señala Orlovsky, «hay pocos actores capaces de llevar toda una película sobre sus hombros, y aún menos capaces de actuar de manera improvisada e inesperada en cada momento». El director confiesa que, al conocerse, se sintió «atraído por su energía y por su intuitiva inteligencia
emocional», mientras que Pitt asegura que no podía quitarse «la idea de la cabeza», y que desde el momento en que tuvieron la primera reunión, «empezamos a mandarnos correos como locos. Tuvo listo el guión en dos o tres semanas. Siempre tuvo muy claro hacia dónde se quería dirigir». De la misma manera, Marling, protagonista y coguionista de su anterior Otra Tierra, fue otra elección natural, pues, según Orlovsky, «tiene la inteligencia innata, la belleza y el sutil carisma que requería el personaje. Además, ya había colaborado antes con Mike». Así que llegó al rodaje con una relación laboral plenamente desarrollada con Cahill, consciente de que «lleva tiempo queriendo contar esta historia», así que ayudó a enriquecerla, pues señala que ambos «cogemos las ideas del otro y las llevamos hacia los sitios más raros».

Confiesa el director que su método personal consiste en pulir el material original a base de trabajarlo a fondo con los intérpretes. En sus propias palabras, «mi trabajo es reunir a los actores y leer con ellos el guión. Lo grabo todo y luego lo escucho una vez tras otra, para ver lo que me gusta. Entonces, me centro en las escenas que no parecen reales y las seguimos ensayando». En busca de esa verosimilitud, Pitt confiesa que no sabe «mucho de ciencia», pero que «el hermano de Mike es científico y organizó varios encuentros para que Brit Marling y yo pudiéramos conocer a gente que trabajaba en el Johns Hopkins Hospital Medical Center de Baltimore. Tuvimos la oportunidad de hablar con los investigadores y participar en algunos de sus experimentos. Fue una experiencia muy positiva».

En Orígenes, Mike Cahill segmenta su película en dos partes, que funcionan como una particular evolución de su estilo. En su primera mitad, el largometraje absorbe las características habituales del sello indie, que entronca con las formas que el realizador mostró en su anterior obra: cámara al hombro que abarca una cierta concepción de realismo, fotografía naturalista, o la historia de amor hipster que surge entre el personaje de Pitt y el de Bergès-Frisbey. No obstante, Cahill rompe con esta idea lineal en un segundo tramo de la película que pisa terrenos más abstractos, abordando el relato de ciencia ficción a través de la figura de ese científico que se lanza a la búsqueda de una respuesta que pueda integrar la ciencia con la espiritualidad. Cahill retuerce las imágenes, las satura a unos límites donde el cine indie se desvanece y su película se convierte en una obra extraña, arriesgada, que busca hermanar universos cinematográficos muy dispares. De ese choque de estilos (y creencias) emerge una película como Orígenes, que intenta especular sobre los límites entre ciencia y religión desde una perspectiva moderna, líquida, y que termina reflexionando sobre el desconocimiento que todavía hoy tenemos sobre el ser humano.

                                                                                                                                                                                                  



USA, 2014. T.O.: «I Origins». Director, guión y montaje: Mike Cahill. Productores: Hunter Gray, Alex Orlovsky, Mike Cahill. Producción: Verisimilitude, WeWork Studios, Bersin Pictures, Penny Jane Films. Fotografía: Markus Förderer. Diseño de producción: Tania Bijlani. Música: Will Bates, Phil Mossman. Intérpretes: Michael Pitt (Dr. Ian Gray), Brit Marling (Karen), Astrid Bergès-Frisbey (Sofi), Steven Yeun (Kenny), Archie Panjabi (Priya Varma), Cara Seymour (Dr. Simmons), Benida Evans (Margaret Dairy), William Mapother (Darryl Mackenzie).



Articulo publicado en el número 351, Noviembre 2014.

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Nº 351

Noviembre 2014